Han sido meses de un silencio atribuible más a situaciones inesperadas que se produjeron cuando mi cambio de campaña había devuelto las aguas a su cauce que a la tristeza del momento o este maldito dolor que limita mis manos a la hora de escribir.
"Memorandum de nada" es, como todos los relatos, una ficción que nace del día a día de una realidad incontestable. ¿Dónde empieza la ficción cuando se parte de lo cierto? Es algo que no tiene respuesta pero que todos podríamos contestar.
Esa inesperada situación a la que aludo fué la marea negra que algunos convirtieron en tsunami cuando personas que me quieren convirtieron mi traslado en una reivindicación de mi retorno. Algo que yo nunca planteé pero que ellos entendían como un acto de justicia. No les puedo quitar mérito a sus acciones. Estuvieron bien instrumentalizadas y movilizaron a muchísima gente que ni siquiera me conocía ni conocía lo que había pasado. A través de la página en la que participo habitualmente como comentarista www.huffingtonpost.es fueron capaces de sensibilizar a cientos de opiniones en un acto solidario que enardeció mi vanidad y me llenó de emoción y gratitud.
Desde el primer momento entendí que aquello no era ni bueno ni necesario. Pero no estaba en mis manos detenerlo ni me sentía con fuerzas para reprochárselo a quienes tomaron una iniciativa cuyas raíces eran reales aunque su objetivo no lo fuera. Partían de una verdad para buscar un imposible.
El enredo fué mayor cuando seres que eran importantes para mí me juzgaron por algo que había provocado mi estupefacción y me dejaba sin respuestas. Perdí su confianza y su cariño sin que se me diera opción a razonar mi propio desconcierto. Llegado este punto me dolía más el alma que el nervio que mis vértebras tienen atrapado y no quieren soltar. Esas almas que sigo adorando crearon su propia ficción sin buscar la verdad. Suele ocurrir. De la nada surgen oleadas de imaginación y prejuicio que condenan a un reo que no sabe que se encuentra encarcelado hasta que le echan el pan seco del silencio por la rendija de la celda.
Esta fué la causa principal de que me temblara el pulso y enterrara la palabra en el olvido. Lo que no se cuenta nunca llega a saberse. Y había llegado a la conclusión de lo que contaba en mi relato era solo una fantasía incapaz de sostener un equilibrio que la hiciera verosímil.
La paz siempre regresa cuando se la espera con la conciencia tranquila. Y regresó. Por eso os anuncié el regreso de algo que nunca tuvo que marcharse. De hecho solo dormía en el rincón de mi desencanto y de mis miedos. Era la primera vez en mi vida que me derrotaba algo que no tenía sentido.
Sanadas las heridas apelo al prólogo de "Memorandum de nada" donde os decía que no pretendía lamer ninguna herida. Al contrario -y eso os lo digo ahora- la única intención de mi prosa era hacer sangre allí donde le duela a quién le tiene que doler.
Espero que, en unos días, Violeta, Aisha, Palmira, Mariona, Maruja, Salitre y todos los que le dan vida y muerte a nuestra historia estén aquí para contarnos nuestras vidas.
Os quiero.