domingo, 21 de octubre de 2012

MEMORANDUM DE NADA (16ª ENTREGA)

>>>>>>> Viene de la ENTREGA 15...como siempre la pego también a TODO LO PUBLICADO...que encontraréis en Agosto<<<<<<<<<<<

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A pesar de estos días de vacío el blog está cerca de las 10.500 visitas. Muchas gracias.
A partir de hoy recuperamos la normalidad.
PRÓXIMA ENTREGA:
HAY CAMBIOS..OS PIDO DE NUEVO DISCULPAS..TENGO UN NERVIO AVERIADO Y ME RESULTA CASI POSIBLE ESCRIBIR..
HARE TODO LO POSIBLE POR COLGAR EL DOMINGO...MIL PERDONES...



- Pensé que te ibas a alegrar cuando te contara lo de los cuatrocientos euros -.
- Me he alegrado, Venancio, de verdad -. La respuesta de Maruja era tan poco convincente como su sonrisa forzada. La mantuvo mientras se alejaba camino del baño. Necesitaba lavarse las manos para no sentirse culpable.
- Vuelvo enseguida -.
Venancio se dejó caer en el maltrecho sofá. Tampoco se sentía demasiado bien por haber celebrado con euforia la noticia. En cuanto Maruja saliera del baño se refrescaría para disimular un poco el hedor a desenfreno que transmitía.
Mientras dejaba correr el agua para que Venancio la oyera revivió su explosión de deseo con Salitre.
- No ha pasado nada. Solo ha sido un instante de locura -. Su pensamiento intentaba empequeñecer lo acontecido. Afortunadamente el lugar donde aparcaron estaba expuesto al paso de la gente. La contradicción la inquietó tanto que el jabón casi le resbala de las manos cuando intentaba borrar cualquier vestigio de ese instante.
El día se precipitó en la oscuridad con la sensación de que no había conseguido aportar nada a la memoria del tiempo. No era la primera vez que le pasaba a lo largo de los siglos. Hay días que no cuentan.
 
A las seis y cuatro minutos el sol arañó el rostro de Froilán como lo haría un perro que quiere despertar a su dueño. En verano dormir en el parque es dormir poco.
Estaba entumecido y tuvo que hacer un esfuerzo para redescubrirse. Buscó entre sus bolsas hasta encontrar un paquete de galletas. A pesar de que estaban rotas y sabían a deshecho le sirvieron para engañar la conciencia de su estómago. Necesitaba caminar un poco para que las piernas recuperaran el tráfico sanguíneo. Lo hizo hasta la puerta del parque desde donde se divisaba el cajero del banco.
- ¿Dónde se habrá metido Segis? -
No era la primera vez que su amigo cambiaba de domicilio fiscal.
- Le habrá echado la bofia -
Si era así lo más probable es que Segismundo se hubiera mudado a la pared del cementerio.
- Estará allí, con Paco y Nicanor-.
Decidió darse un paseo hasta el cementerio. El día era muy largo y convenía entretenerse hasta que llegaran los primeros visitantes. Cerró las bolsas, las cubrió con la manta y puso todo debajo del banco. Sus pertenencias no peligraban. Nunca nadie se interesó por sus lujos.
 
Palmira esperó a que la cafetera le brindara el primer sabor del día. Le gustaba tomarlo pegada a la ventana del dormitorio.
- Aquí te robaron la vida, Palmi -.
Quería imaginar lo que no vio a base de innumerables conjeturas. Lo único que era capaz de interpretar sin esfuerzo era el final.
No saber ayuda a entender como queramos. Para Palmira significaba no sentirse especialmente incómoda junto a aquella ventana.
- Aquí habríamos sido felices -.
Le bastaba con eso para sentirse bien. Al menos durante aquellos instantes previos al inicio de su jornada. Luego, en la galera y a pesar de la intensidad del trabajo, su amiga iría tomando cuerpo y la tristeza la derrotaría de nuevo.
- No sé si debí decirle a Jacobo que ando destrozada-.
Llevó la taza a la cocina. El autobús pasaba en diez minutos y no quería tener que esperar otros veinte hasta la llegada del siguiente.
 
-¡Cuanta gente hay hoy en el cementerio!
Le faltaban cien metros para llegar y la docena de personas que divisó le parecían muchas. A medida que se acercaba distinguió que había policías y una cinta impedía el paso hacia el muro.
Nicanor vio como se acercaba y fue en su búsqueda.
- Han sido los skins, Froilán -.
- ¿Qué han hecho? -.
- Le han matado. Le han matado a palos -.
- ¿A quién? ¿A quién han matado?-.
- A Segis, han matado a Segis-.
Se quedó sin aire en los pulmones.
- ¿Cómo ha sido?
- No lo sé, Froilán. Pepe y yo nos habíamos recogido a la vuelta de la esquina del muro. Allí hacía un poco más de fresco. Segis debió de pensar que no estábamos y se quedó aquí, como siempre. Poco antes de que amaneciera escuchamos gritos. Cuando llegamos Segismundo estaba tendido en el suelo, boca abajo, muerto. Pepe tuvo tiempo de ver a varias motos alejándose. Uno de los motoristas llevaba una chaqueta de cuero con los símbolos de la Vanguardia Nacional Revolucionaria-.
Lo dijo muy deprisa, como se cuentan las cosas que no se quieren contar.
Froilán se abrió paso hasta llegar al límite de la cinta. Unos hombres vestidos de gris estaban metiendo el cuerpo de Segis en una bolsa. Lo levantaron lo justo para dejarlo caer dentro de una caja.
- No hay diferencias en esto. Todos acabamos igual
El coche de los forenses emprendió el camino de la autopsia mientras la policía levantaba la cinta y pedía que la gente se retirara del lugar.
- Ya no hay nada que ver aquí
Un murmullo respondió a la voz del policía. Paco, Nicanor, Froilán y cinco vagabundos más hicieron caso omiso de la sugerencia. Los policías subieron al coche para seguir las huellas del vehículo funerario. En el suelo quedaron unas manchas de sangre apenas perceptibles. La tierra seca tiene sed y se traga todo lo que pueda nutrirla.
Paco se acercó a Froilán poniéndole una mano en el hombro.
- Ahora puedes instalarte  en el cajero. Te corresponde por antigüedad -.
 Con un gesto brusco, Froilán se quitó de encima la mano de Paco.
- ¿Tú crees que es momento de hablar de esto? -.
- Perdona, chico. Pero ya sabes como van estas cosas. El que no corre vuela. Y si no te instalas tú hoy mismo, mañana cualquier otro coleguilla se declarará heredero universal de Segis -.
Froilán sonrió. Paco estaba en lo cierto.
- Si quieres, Paco, puedes irte tú al cajero. Yo estoy bien en el parque. Allí tengo mi mundo -.
- Ya me gustaría. Pero no quiero dejar a Nicanor. Llevamos años juntos. Y en el cajero solo cabe uno -.
- ¿Y si vuelven los skins? -.
- Solo atacan cuando te ven solo. Son unos cobardes de mierda. Con dos no se atreven -.
- Bien. Como quieras. Pero yo me quedo en mi banco. Tengo un compromiso con el parque ¿sabes? Ya formo parte del paisaje y me gusta serlo-.
- Si quieres te acompaño hasta allí. Así charlamos -.
- Me parece una buena idea. Anda, ve a preguntarle a Nicanor si le apetece venir con nosotros-.
Nicanor les escuchó y asintió con la cabeza.
Mientras caminaban hacia el parque Nicanor rompió el silencio.
- ¿Alguno de vosotros se acuerda de cómo era aquella canción que tanto le gustaba a Segis? -.
- Si, creo que si. Era la canción de una película. “El violinista en el tejado”…creo-.
Froilán había respondido sin convicción, como si no le hubiera gustado recordar.
- Si, si. Era esa. Segis no se la sabía pero le gustaba cantarla. ¡Estaba graciosísimo cuando marcaba el paso al compás de la canción -.
Paco cambió las palabras por gestos empezando a imitar a Segis a base de caminar grotescamente.
Froilán pensó que era el momento de sentirse más cerca del amigo que se les había marchado y dejó que la canción se le escapara del alma.
- Si yo fuera rico… Tipitipitipitipiti….-.
A la vez que cantaba se sumó a la mímica de Paco. Nicanor solo necesitó tres segundos para sumarse a la coral. Horriblemente sincronizados los tres desheredados del sistema continuaron su trayecto desafiando al sol con su canción.
- Si yo fuera rico… Tipitipitipitipiti….-.
La muerte es solo un capítulo de la vida. Para algunos se trata del último. Para otros es la antesala de la tierra prometida. Para Froilán y sus amigos la muerte era esa  compañera de viaje capaz de convertir en una  partitura, desenfadada y alegre, todas las miserias de un texto que llamamos biografía.
 
El mismo sol que no dejó enfriar el cuerpo abatido de Segis castigaba el porche de Violeta. A esa hora no había alcanzado la altura suficiente y se colaba por debajo de las tejas. No quemaba todavía pero si obligaba a entornar los ojos.
Cambió la silla de posición para protegerse de los rayos de Helios. El café estaba casi frío, algo que se agradece en verano. El impacto del humo en los pulmones era algo que Violeta agradecía en cualquier momento.
P.P. no llamaba. Ni encontró mensajes suyos en el correo. No iba a ser ella la que rompiera el silencio. Quién se había marchado era él. Lo había hecho con la misma facilidad que un día llegó y se metió en su cama. Posiblemente ese fue el error. Convirtieron un brote de pasión en convivencia.
- Solo fue medio polvo lo que nos llevó a estos años en los que nunca completamos nada. Ni siquiera en la cama-.
Preguntarse las causas de un error es algo inviable para quién nunca se equivoca. Siempre busca la salida que permite descargar en los demás los motivos del fracaso.
- ¡P.P.! Creo que te quiero pero nunca habría llegado a amarte -.
Hay reflexiones que son solo frases aprendidas. Es muy difícil que almas sin alma consigan albergar sentimientos afectivos. Cualquier indicio de debilidad es devorado. En tierra estéril ninguna semilla puede germinar.
No era momento de pensar en aquello. Desde el porche se podía ver como las manecillas del reloj de la cocina palpitaban camino de las siete. En una hora estaría en su espacio natural. Allí si podía emerger, hacerse notar. No necesitaba a nadie para convertir en nadie a los demás.
Habían pasado semanas desde el alboroto de la queja. El ambiente se estaba relajando y se sentía triunfadora.
- No soporto la tranquilidad de Jacobo cuando se acerca a mi mesa como si no hubiera pasado nada. Es un pedante-.
Dejó la taza en el fregadero donde dormían los platos de la cena. Mientras cerraba la puerta pensó que tampoco era de su agrado la actitud de Aisha. La incomodaba que, en las últimas semanas, no reaccionara como antes cuando la presionaban.
- Se siente protegida. Cada vez que me acerco al tambor dos o tres coordinadores la rodean ¡Menuda escolta! Si quieren guerra, guerra tendrán-.
A medida que su mente se situaba en aquellas imágenes de la galera una furia sin sentido conquistaba todas sus terminaciones nerviosas. Este era su punto de partida perfecto para que el día resultara provechoso.
Le importaba muy poco que los coordinadores hubieran bajado la guardia buscando serenar el ánimo en aquellos días de tanta actividad. No le resultaría difícil traspasar la muralla humana que protegía Aisha. Y Jacobo andaba sin escolta. Parapetada en su impunidad se sentía vencedora.
 
Maruja llegó a tiempo de pedirle un café a la máquina y salir a la calle para tomarlo.
- Hola, Maruja. Buenos días-.
- Hola, Salitre. Buenos días-.
Diez segundos de silencio pueden ser atronadores.
- Salitre. No sé lo que me pasó ayer, pero…-. No la dejó terminar.
- Pasó lo que pasa cuando dos personas se atraen -.
Lo dijo con serenidad, quitándole asperezas a la duda.
- Yo no soy así, chico. De verdad. Me dejé llevar por no sé qué -.
- Te dejaste llevar por lo mismo que me llevó a mí. Somos dos personas sensibles. Solo eso-.
- No había hecho algo así desde que mi primer novio me llevaba al parking del estadio. Con él tampoco llegábamos al final, pero nos enredábamos hasta reventar. ¡La de pañuelos que tiré! -.
No contuvo su intención de carcajada. De nada servía reprimirse a base de conceptos ante algo que ya no tenía remedio.
- ¿Puedo confesarte algo, Maruja? -.
- No puedo decirte que no, Salitre -.
- Camino de casa, después de dejarte, no sé cuantas veces me llevé la mano a la cara para respirar el perfume de tu néctar-.
Maruja sintió como el rubor pintaba de rubor su rostro. Algo que ni siquiera le había sucedido en su adolescencia. Posiblemente porqué nadie le había dicho algo así.
- ¡Uff! Chico. No sé como salir de esto. No tiene sentido-.
-No salgas y verás como si tiene sentido-.
- Tengo que salir, chaval. No olvides que te llevo quince años y tengo una cosa que se llama marido-.
-Tú lo has dicho. Una cosa. Y que tengas cuarenta y cinco años no significa que hayas perdido tu derecho a vivir-.
Sabía envolverla con argumentos cargados de sentido. Aunque también era cierto que, a medida que iba creciendo su relación con Maruja, el cazador se sentía desarmado y dejaba paso a un extraño personaje en el que no era capaz de reconocerse. No estaba enamorado pero sentía un profundo respeto por aquella mujer. De algún modo la quería. A pesar de que era una experiencia temporal que tenía fecha de caducidad, la quería.
- Bueno. Ya veremos. Ahora vamos a trabajar. Son casi las ocho-.
Mientras subían a la galera los dos eran conscientes de que lo que estaba por ver llegaría y llegaría de inmediato.
 
- ¿Y el yayo?
- Libra. Libra hoy y mañana
- Bien. Entonces tú, Selena, sustituirás a Aisha en el control cuando se vaya a descansar. Estad atentos chicos. Que hoy hay mal ambiente-.
La mirada de los coordinadores se automatizó en dirección a la mesa de Violeta. El choque fue intenso. Todos sabían lo que decían aquellos ojos cuando lanzaban dardos a la sala.
- Hoy tenemos baile-. Selena tenía dos motivos para no sentirse a gusto. La predicción de Ambar y que fuera ella la recambio del tambor.
- Si, pero nosotros como si nada-. Belma quiso aportar ánimo recordando el compromiso adquirido por el equipo.
- Despacito y buena letra. Y si pasa algo hacedme el favor de decírmelo. ¿De acuerdo?-. Ambar sabía marcar pautas sin necesidad de dar órdenes tajantes.
La nueva no participó en el coloquio. En cuanto Ambar disolvió la reunión se dirigió a la sala. Las llamadas ya habían despertado.
- ¡Agilizamos, por favor! ¡Agilizamos en la medida de lo posible! -.
Mariona levantó la mano para que la nueva la ayudara.
- Espera. No sé si podemos autorizar esto. Déjame consultarlo-.
La respuesta a aquella duda era diáfana. Pero para Mariona no lo era  y no le extrañó que la nueva se dirigiera a la zona de supervisión para consultar.
- ¿Puedo preguntarte, Violeta?-.
Violeta apartó los ojos del ordenador y miró a la coordinadora.
- ¡Claro! Tú dirás-.
Le expuso la consulta, enredándola un poco. Lo suficiente para que Violeta no se apercibiera de su sencillez. No obstante le dio la respuesta en segundos. Apenas terminó quiso marcarle pautas a la coordinadora.
- Estad muy pendientes de la sala. Llevamos muy mal el nivel de servicio del mes y necesitamos que suba-.
- Ya sabes que puedes contar conmigo. Yo no pierdo el tiempo discutiendo lo que me mandan. Tú me entiendes-.
Violeta sonrió. La entendía. Aunque le importaba poco lo que dijera aquella coordinadora, le resultaba útil que intentara acercarse a ella para diferenciarse del resto. Seguía siendo parte de la plebe.
- Sigue así. Sigue trabajando así. Y si tienes cualquier duda vienes a verme tantas veces como sea preciso-.
La nueva fue en busca de Mariona para darle la respuesta con la satisfacción que produce un halago. Desde lo que ella entendió como el fracaso de la queja prefería acercarse al caballo ganador.
 
- Sigue, ¿no?-.
- Si, sigue intentando ser su amiga-.
- Y la otra la utilizará como submarino-.
- Seguro. Habrá que tener mucho cuidado con lo que hablamos delante de ella-
- Si, tendremos que ser cautelosos. Esta se lo larga a la primera-.
- Vamos a ser prudentes. En esto y en lo que le digamos a ella respecto al trabajo. Ya ves la que monta cuando se la corrige en algo. Cualquier día se va a recursos humanos a quejarse de nosotros-.
- Es increíble. Cree que todo el mundo está en su contra solo porqué se le recuerda que hay un modo establecido de hacer las cosas-.
- ¡En fin! Mejor evitar problemas. Solo nos faltaría eso. Tener problemas entre nosotros-.
-¡Mira que tienes buena fe! Con esta tendremos problemas o si, o si-.
- ¡Vale! ¡Vale! No digo nada más-
Las dos sabían que el problema existía. Lo sabían ellas y lo sabían los otros coordinadores.
Palmira entró en la sala de formación y las llamadas entraron de manera compulsiva en el tambor. Jairo Magno y Salomé recordaron por enésima vez que su vejiga era débil y, como si fueran siameses inseparables, emprendieron su fuga hacia el baño para que nada cambiara en la rutina de la sala.
Maruja y Salitre se habían sentado juntos. No podían hablar pero se comunicaban con el silencio que envuelve las miradas cuando han encontrado la senda de la complicidad. Los dos esperaban que dieran las cuatro para contestarse todas las preguntas y andar todos los caminos.
Ahisa respiraba tranquila desde que pudo comprobar que Violeta estaba en la sala de formación.
- Falsa alarma, chicos-. Ambar se había acercado para tranquilizar al equipo.
- Hasta las dos tendremos una mañana tranquila. Pero atentos a la cola. Por ese lado no podemos esperar tranquilidad-.
La nueva llegó tarde para escuchar a Ambar.
- ¿Qué ha dicho? ¿Algo importante?-.
- No, solo que diéramos caña hasta quitar la cola-.
 
Mariona lamentó no poder coincidir con Palmira en el descanso. Buscó la sombra y encontró a Waldo.
- ¡Hola! ¿Qué tal te va?-.
- Bien, gracias. Acostumbrándome a esto -.
- Creo que te han dejado sin pareja en la raspa -.
- Si, se viene con vosotros-.
- Lo que no sé es como te llamas. Yo soy Waldo-.
- Mariona, me llamo Mariona. Y ya sabía que tú eres Waldo. Eres toda una institución en la plataforma-.
- No creas. Lo que pasa es que soy más antiguo que la puerta y por eso todo el mundo me conoce-.
- Me gusta tu optimismo, Waldo. Es divertido escucharte decir eso de “somos felices aquí”. Da ánimo a primera hora-.
- Es una manera como otra de empezar el día. La verdad es que me siento bien y me gusta decirlo, aunque para ello haga uso de chanzas-.
- Nos animas a todos-.
- Me alegro de serte útil-.
- Te lo digo de verdad. Cuando llegué todo me parecía muy extraño, como si no fuera conmigo. Y gracias a Palmira y pequeños detalles como tus frases pude comprender que ser teleoperador no era algo tan malo como se piensa desde fuera-.
-Tenemos mala fama. Bueno, nosotros no. El sector. A mi también me pasó lo que a ti y ya llevo seis años en esto. No sé si ya sabría hacer otra cosa-.
- Espero no estar tanto tiempo. Pero si tengo que estarlo quiero sentirme como tú, feliz por ello-.
- ¿Sabes? Hagas lo que hagas tienes gente alrededor. A mi me ha permitido conocer personas excelentes, relacionarme con ellas, aprender. Con el tiempo vas descubriendo personajes acerca de los cuales llegas a preguntarte ¿Que hace aquí? Hay gente excepcional, de verdad. La mayoría son estupendos-.
- Habrás conocido a mucha gente en tanto tiempo-.
- Así es. Y a muchos que ya no están les echo de menos. Pero llegan caras nuevas y te compensan de esas ausencias que son inevitables-.
- Veo que tu frase acerca de la felicidad tiene mucho sentido-.
- Ser feliz en el trabajo, Mariona, es acomodarse a él buscando algo que te haga sentir bien. Yo lo encontré siempre en la relación con los demás. Aunque sea entre llamada y llamada y en los descansos. Tenemos tiempo para conocernos-.
- Me lo acabas de demostrar, Waldo-.
El reloj puso fin a la charla mientras Mariona ponía fin a los escasos temores que todavía tenía.
- Hay gente estupenda. Eso de coger llamadas no me acaba de entusiasmar, pero personas con Waldo lo hacen más llevadero-.
 
 
- Era un tío cojonudo-
- Si, le echaremos de menos-
Paco era el más afectado. Hacía muchos años que conocía a Segismundo.
- Recuerdo el día que Segis llegó a los bancos de la estación. Llegó más o menos bien vestido, con una maleta. Había perdido trabajo y familia de una tacada. Durmió en una pensión hasta que se le acabó el poco dinero que tenía. Nos dijo que con su edad y aquel aspecto le era imposible encontrar un curro.
Tenía toda la razón. En este país de mierda a los cincuenta ya eres viejo para trabajar-.
- ¿Hace mucho de eso?-.
- Si no hace quince años poco le debe faltar-.
- Nos hemos hecho viejos, compañeros-.
- Bueno, más que viejos somos mayores. Suena mejor ¿No?-.
Paco y Nicanor se rieron de la ocurrencia de Froilán. Admiraban a aquel hombre. Siempre encontraba las palabras exactas para definir las situaciones. No había perdido la exquisitez de sus orígenes familiares. Era un pensador que regalaba su sabiduría a todo aquel que se le acercaba.
- Habrá que estar atentos a cualquier señal que nos mande Segis desde el otro mundo. Nosotros vamos detrás, amigos. Y sería estupendo que él nos explicara como llegar sin extraviarnos-.
Nicanor cambió de conversación.
- Las noticias vuelan-.
- ¿Porqué dices eso?-.
- Lo digo, Paco, porqué el cajero ya tiene inquilino-.
Guió la mirada de los dos señalando con el dedo la entrada del banco donde un mendigo tan mendigo como ellos estaba dejando un fardo pegado a la pared.
- ¿Le conocemos?-.
- Creo que no. Pero debe venir de la alameda. Están en obras y allí no hay quien viva-.
- Vamos a saludarle y a preguntarle si necesita algo-.
- Eres la leche, Froilán. Seguro que necesita algo. Lo mismo que nosotros-.
- Entonces vamos a presentarnos y a compartir necesidades. No me cabe duda alguna, queridos compatriotas del olvido, que a Segis le encantaría darle la bienvenida al club-.
La solidaridad es algo que vociferan políticos y eclesiásticos desde el púlpito de su bienestar para encubrir la competitividad individualista en la que realmente viven. Unos la usan como escudo y otros la viven a pelo.
 
La formación se iba espesando. Los requisitos de una llamada de G Plus eran más complejos y requerían un seguimiento particular y estricto. A Palmira le gustaba. Con esa convicción esperó a que la máquina le dispensara el café que su cuerpo necesitaba. Obtenida la infusión salió a la calle para completar la dieta del descanso con un Pall Mall ligth que la esperaba dentro de una cajetilla azul.
- Ya no me valen excusas. Soy fumadora-.
Archivó el resultado de su auto análisis en la carpeta de varios de su mente. Una carpeta sin pestaña para que nada invitara a ver su contenido.
Palmira no era consciente de que en esa carpeta también guardaba su metamorfosis. Como una carcoma la vida de ciudad roía sus orígenes y cambiaba el canto de las cigarras y las noches silenciosas de su tierra natal  por el rugido del tráfico y las luces de neón. La fascinación del movimiento continuo invadía y derrotaba la insonoridad de la paz en la orilla del río.
 
Al llegar a casa Aisha intentó dejar el cansancio en la percha del recibidor. No lo consiguió. A regañadientes se llevó la carga hasta el sofá. No había sido un mal día. Pero cansa tanto el temor como la lucha.
La despertó el timbre de la puerta. A Ambar le había parecido buena idea pasar la tarde con ella.
Dejó de refunfuñar  cuando consiguió quitarse el sueño de encima. No podía ser injusta con Ambar.
- Perdona, chica. Pero me había quedado frita y tengo un mal despertar-.
- No te preocupes. A mi me pasa lo mismo. Hasta que no he tomado café no soy persona-.
- Pues tomemos ese café para que yo pueda ser tan persona como tú-.
Ambar aceptó la invitación.
- Al final el día no ha sido tan malo como esperábamos-.
-No. Bueno, para ti como supervisora puede que no. Para mi el día ha sido tan horrible como todos de un tiempo a esta parte-.
- ¿Porqué dices eso? Estamos cumpliendo con nuestro pacto. Vamos a lo nuestro pase lo que pase ¿O no?-.
- Si, Ambar. Vamos a lo nuestro. Pero tú sabes que la otra también va a lo suyo. Que esto es una tregua ficticia. Nosotros intentamos respetarla pero ella sigue buscando el resquicio por el que pueda meter la puya-.
- Es cierto. No ha bajado la guardia. Pero al menos no dispara-.
- Disparará, Ambar, disparará-.
- ¿Por eso estás tan tensa, Aisha?-.
- Si-.
Fue una respuesta seca que no admitía abreviaturas. Contestar con un monosílabo es más contundente que cualquier soliloquio extenso y preñado de justificaciones.
- ¿Estás mal, verdad?
Ambar lo preguntó conociendo la respuesta.
- Si. Mal y cabreada por la impotencia. Esto no mejorará. Estoy segura. Es más, iremos a peor. Y tú lo sabes. Está esperando el momento para jodernos vivos-.
- Lo sé. Aunque saberlo sirva de poco. Lo único que podemos hacer es seguir capeando el temporal-.
- Menuda perspectiva ¿No?-.
- Es lo que hay….Al menos es lo que me respondió el jefe cuando hablé con él la semana pasada-.
- Pues…  ¡Me cago en lo que hay!, Ambar-.
- Caguémonos juntas….Y llama a los demás para que se desahoguen con nosotros-.
- ¡La gran cagalinta!-.
Rieron satisfechas por la ocurrencia. Las tensiones se liberan en el espacio de lo incongruente. Los efectos del remedio son tan efímeros como sus componentes pero alivian.
Tomaron el café y se pusieron a hablar de cosas importantes. Ya le habían dedicado demasiado tiempo a la sordidez de un pensamiento que no era el suyo ni nunca lo sería.
Ya casi anochecía cuando Ambar la saludó desde la calle despidiéndose. Aisha bajó la persiana como si fuera el telón de un escenario cuando termina el primer acto. Todavía quedaban episodios por vivir en aquel drama sin autor.
 
Jacobo salió a la terraza para disfrutar del primer instante en que el calor disminuía. Vivía en una calle sin salida por la que solo circulaban los vehículos del vecindario. Era un barrio sin grandezas pero con arbolado, setos y algún que otro rosal cuyas flores desaparecían al mismo tiempo que se abrían sus capullos.
Un perro sin collar escarbaba la tierra al pié de un sauce llorón.
El Yayo escarbaba en el futuro intentando tejerlo con supuestos, intuición y pragmatismo.
El también estaba convencido de que en la galera se vivía una tregua que no se sostenía en ninguna voluntad. Era una paz temporal impuesta por la sobrecarga estival del trabajo. Algo frágil que se agrietaba a diario y perdía consistencia.
El perro encontró el hueso que en su día había enterrado cuidadosamente.  Blandiéndolo como un trofeo entre los dientes se detuvo frente a la casa de Jacobo.
- Hola, chiquitín. Has encontrado lo que buscabas ¿eh? ¡Anda! Ahora disfruta de tu hueso hasta que no le quede tuétano-.
El animal no le entendió pero permaneció inmóvil esperando que Jacobo continuara.
- ¿Estás solo verdad?  No tienes dueño. No eres el único. A las personas también nos pasa. Nos quedamos sin alguien a quien querer y no nos queda otra que desenterrar el hueso de nuestros recuerdos. Pero con eso no se vive…
Tú al menos le sacas partido a lo que tienes en la boca. Eres afortunado. Si te viera quién se yo se moriría de envidia-.
La cola del perro iba de un lado a otro como el contrapeso de un reloj de pared.
- ¿Estás contento porqué escuchas una voz? Más a tu favor cuando te comparo con otras soledades-.
El can seguía allí, con el hueso en la boca y sin mostrar intención alguna de moverse. Jacobo optó por entrar en el salón. Su guitarra dormía apoyada en un rincón de la pared. La reafinó y buscó el compás de los acordes de una de sus canciones más queridas.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan,
decir que somos quien somos.
Nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno;
estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo.
No es poesía gota a gota pensada,
no es un bello producto, no es un fruto perfecto.
Es lo más necesario, es lo que no tiene nombre,
son gritos en el cielo y en la tierra son actos.


7 comentarios:

  1. Da la sensacion que se prepara algo gordo es asi?

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  2. Tienes una facilidad increible para emocionar

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  3. SIGO ENAMORADA DE ESOS SINTECHO CONSIGUES QUE LES VEA
    Y LO QUE MAS ME GUSTA ES COMO CAMBIAS DE UNA ESCENA A OTRA SIN QUE YO PIERDA EL ILO
    LO DE MARUJA LABANDOSE LAS MANOS ES BUENISIMO ERES DELICADO EN LO DEL SSEXO
    TE SEGUIMOS COMO SI ESTUBIERAS CON NOSOTROS

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  4. Gracias por tanto halago. Y gracias por seguirme. Yo también sigo con vosotros y mantengo contacto con muchos a través de distintas fórmulas. Un abrazo.

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  5. Espero que ya sigas como antes. Me tenias enganchada y han sido muxos dias sin leer

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