miércoles, 15 de agosto de 2012

MEMORANDUM DE NADA (9ª ENTREGA)


>>>>>>>>>>>>>>>Viene de la 8ª ENTREGA<<<<<<<<<<
Ya son más de 3.000 las visitas recibidas. Gracias otra vez.
Recordaros, como siempre, que esta 9ª entrega también se añade a TODO LO PUBLICADO HASTA...para que, si es vuestro deseo, podáis leer Memorandum de nada de un tirón...


Se levantaron tempranísimo para recoger sus pertenencias y dejarlas listas para la mudanza. Palmi, que apenas tenía nada allí, se dedicó a ayudar a su amiga. A las siete menos cuarto lo más importante ya estaba empaquetado o metido en bolsas de viaje y bolsas de supermercado. Dos cajas de zapatos sirvieron para custodiar los libros de Palmira.
María hizo un esfuerzo sobrehumano abriendo los ojos fuera de plazo para tomar café con ellas. A su manera sentía aprecio por Palmira. Era consciente de que convivir con su anarquismo no era tarea sencilla y le agradecía su capacidad de soporte. Nunca llegaron a discutir. Por Palmi sentía admiración sin conocer el motivo. Las emociones de María eran infranqueables y consiguió que así permanecieran. –Mejor despedirnos ahora. Cuando vengáis por la tarde a recoger vuestras cosas yo no estaré-. Tomó un sorbo de café y siguió despidiéndose con esa tranquilidad que le hacía parecer indiferente. –Palmira, guapa. No te olvides de dejarme las llaves al marcharte. La semana que viene llega mi nueva compañera y las necesitaré para ella-. Palmira asintió con la cabeza. –No te preocupes. Las dejo aquí mismo, sobre la mesa. ¡Ah! Y tú no te olvides de llamarme cuando llegue el recibo de la luz. ¿O quieres que te deje, más o menos, lo de todos los meses?-. María se negó a cobrar por anticipado.
-Bueno, chicas. Yo me vuelvo a la cama. Ha sido un placer tenerte como compañera, Palmira. Y a ti lo mismo, Palmi. Espero tener ocasión de conocer a tus dos perlas-. Se besaron con afecto. María se precipitó en sus sábanas y ellas emprendieron el camino a la parada del bus comentando como iban a organizarse para que la mudanza se produjera sin problemas.
 Instalada en su rutina Violeta despreció medio cigarrillo y salió en busca de su coche. Al pasar frente al rosal se detuvo para ver como andaba la despensa de la araña. Apenas quedaban restos de la tela. A menos de un metro, en la pared, una lagartija buscaba los primeros rayos de sol de la mañana. Los animales de sangre fría necesitan  calor para digerir el desayuno. El rumbo de las cosas puede cambiar en décimas de segundo.
Soportó el atasco a sabiendas de que no tenía poderes para hacer desaparecer a todos los que habían decidido compartir con ella aquel tramo del trayecto. Le bastaría llegar con tiempo suficiente para tomar un café y fumarse el correspondiente pitillo. No tenía decidido que iba a hacer para reemprender su cacería a pesar de que la llamada telefónica de la noche le había regalado los oídos. Tenía que elegir entre  la paciencia de la araña o la inmediatez del reptil.
Clavó las pupilas en el espejo retrovisor y todas sus dudas se disiparon.
Aitor no se sorprendió por despertar en el sofá. La botella de Ballantine’s era material a reciclar. Tenía mal sabor de boca y la cabeza le pedía clemencia esperando que tomara algo que acabara con los pinchazos en la nuca. No solía beber; al menos no solía beber tanto. Estaba acostumbrado al anís  y cualquier otra bebida le podía.
Una ducha fría no bastó. Las ideas seguían entumecidas y espesas. Necesitaba despejarse. Necesitaba toda la claridad del universo para ponerse en marcha. Tenía dos días y dos noches para recomponer el orden familiar. –Palmira es mía. Siempre será mía. Ella lo sabe. Seguro que lo sabe -. Era el momento dulce en el que su sentimiento de posesión le hacía creer que su mujer se arrepentiría del error cometido. Volvería pidiendo perdón, jurándole que nunca más se alejaría de su lado.
Cuando esto sucedía se crecía. La visión de Palmira abriendo la vitrina para servirle una copa y sentarse a su lado le llenaba. Para aterrizar en la realidad le bastaba, como ahora, con hacerse cargo de que su mujer hacía casi un mes que no pisaba aquella casa. Entonces Mr Hyde llamaba a la puerta de Jekill y la mutación se producía. –La traeré a casa aunque sea a rastras. Es mía. O mía o de nadie. Antes la mato-.
 La noche no es selectiva. El día tampoco lo es. Despertamos y nuestras ideas despiertan con nosotros dispuestas a cambiar todo aquello que pueda entorpecer nuestros deseos. Amanece para todos, sea cual sea el proyecto que nos alimenta la existencia.  Vida y muerte son lo mismo. Solo así se entiende que en un mismo mundo haya tantos mundos distintos.
Maruja no sabía cual de esos mundos era el suyo. Venancio roncaba con estrépito. Abandonó aquel tálamo abandonado dándole patadas a la ropa sucia de su marido esparcida por el suelo. – No pienso recogértela. ¡Ni que fuera la criada! -. Lo balbuceó sin convicción. Sabía que a su regreso la ropa seguiría allí y la cama estaría por hacer. Venancio habría cambiado el colchón por el sofá y la ventana del dormitorio permanecería cerrada para que no se escapara el tufillo a noche sucia que solo se dejaba de respirar cuando Maruja cerraba la puerta del piso para ir a trabajar.

A las ocho y poco las llamadas empezaron a llover. El protocolo se puso en marcha con presteza. Los coordinadores aceleraron su paso por las raspas, Aisha pilotaba desde el puente de mando y los supervisores marcaban pautas para evitar el atasco que se avecinaba. Salitre dejó de otear en busca de posibles presas mientras Jairo Magno y Salomé apelaron a su incontinencia renal para reducir su esfuerzo.
Violeta se acercó a Aisha colocándose a su espalda. –Mírame los tiempos, por favor-. La coordinadora sombreó con el ratón los doce minutos que Maruja llevaba empleados en la atención de una llamada. - ¿Qué le pasa a esa agente? -. La pregunta era seca. – No lo sé. Ahora mando a un coordinador para que vea -. Respuesta no válida. – Con un tiempo como este, tú ya tendrías que saberlo -. No la dejó respirar. -¿Porqué hay tanta gente descansando? -. Aisha ya sabía lo que le esperaba. – Son los de las siete, Violeta. Tienen que salir ahora. Si salen más tarde se retrasan todos los descansos de la sala -. Violeta se tomó un respiro.
Jacobo se acercó al puente de mando. Era una maniobra habitual. Si Violeta permanecía más de dos minutos cerca de Aisha los coordinadores acudían al rescate. La supervisora se incomodó. Viendo llegar a Jacobo estiró el brazo hacia la pantalla y con un dedo rastreó los tiempos de los operadores. Todo estaba en orden. No había llamadas cuya duración fuera excesiva. No le importó demasiado. – Jacobo, por favor.  - Mira que le pasa a Salitre. Lleva cuatro minutos…-. El Yayo hizo uso de los reflejos que  le proporcionaba el antídoto.
- Ve tú si quieres, Violeta. Yo no pienso ir a ver que pasa con una llamada que acaba de empezar -. Una mano levantada le sirvió de trampolín para dejar a Violeta con la palabra en la boca.
A los pocos minutos Ambar tuvo que llamarle la atención a su coordinador mientras esbozaba una sonrisa de complicidad.
- Esto no se va a acabar nunca, Ambar -. La supervisora asintió a modo de confirmación. El coordinador regresó al campo de batalla sin perder de vista a Aisha. Las llamadas habían remitido y no tenía a nadie a sus espaldas.

Amparo no se sentía demasiado bien. Le pidió a Ramón que se ocupara el de llevar a los niños a la escuela. Ramón siempre creyó que esto era cosa de mujeres. Se mordió la lengua y tiró de los pequeños hacia el ascensor. Ya estaba reparado y tenía garantizado el regreso a casa sin que su lumbalgia se resintiera.
-Vamos, Urko. Ahora tú eres el hombre de la casa. Aprieta el botón para bajar-.
El chiquillo hizo gala de su condición viril buscando la” B”  para pulsarla con firmeza. -¡Ya está abuelo! ¿Verdad que lo he hecho muy bien?-. Su hermana no estuvo demasiado conforme con aquello. -¡Yo también sé! ¡Yo también se apretar el botón, abuelo! -. Reivindicó sus aptitudes con toda la fuerza que le daba su inocencia. Urko defendió su protagonismo. -¡Vale, pero yo soy el hombre de la casa y tú no! -.
Los dejó en manos de la profesora. Volvería a casa dando una vuelta para acercarse al kiosco y comprar el ABC. Eran las nueve y poco. Entró en el bar dispuesto a cobrarse el servicio de acompañante que acababa de realizar. Nada mejor que una copa para recuperar su dignidad herida. – ¡Buenos días, Manolo! ¡Un café y una copita de ponche! – Lo vociferó mientras golpeaba la barra con el importe exacto y en monedas. - ¿Dos cincuenta, no? Aquí te lo dejo. Llévamelo a la mesa, por favor- . Se sentó y abriendo el periódico por la página de necrológicas miró la edad de todos aquellos que se le habían adelantado en la cola del cementerio.
- ¡Mirad, chicos! ¡Gente nueva! -. Todas las miradas se dirigieron al pasillo central donde una docena de personas desfilaban camino de la sala de formación. La mayoría eran mujeres. También la mayoría llevaban blocs de notas y algo para escribir en la mano. Intentaban capturar imágenes de cuanto veían para asimilar en lo posible lo que iba a ser su nuevo trabajo. Para muchos su primer trabajo. Se perdieron detrás de la puerta que daba acceso a la zona restringida. El murmullo de la plataforma obligó a los coordinadores a moderar lo inmoderable. – Por favor, bajamos el tono de la sala -.
Aisha se confortó pensando que tendría unos días de descanso. Supuso mal. En esta ocasión la formación de los nuevos agentes correría a cargo de Manuel.
No habría respiro para ella. Se preguntaba quién establecía los límites del respeto. Se preguntaba cuál era la situación a la que tenía que llegarse para que lo que hacía Violeta pudiera definirse como acoso. Se preguntaba si existía ese alguien y, de ser así, porqué consentía aquello. – Puede que algún día sea ella la que beba de su propia inquina -. Pensar esto no la tranquilizó en absoluto. Un deseo no deja de ser suposición y aunque llegue a convertirse en realidad no repara nada.
Jacobo se acercó al tambor. - ¿Estás bien, morita? -. Ahisa le contestó afirmativamente. Ambar se unió a ellos. Como si un imán los atrajera el resto de coordinadores se agolparon alrededor del puente de mando. Eran varias las voces que se hacían eco de la necesidad de no aceptar aquellos pactos de concordia que morían a las cuarenta y ocho horas.
Gracia se percató de que los coordinadores estaban donde no debían. Estuvo a punto de acercarse a Ambar para rogarle que indicara a sus chicos la necesidad de diseminarse por la sala pero prefirió desentenderse. Representar al cliente no significaba, en aquel momento, ignorar lo que estaba pasando.
Aquella concentración espontánea de los coordinadores no le pasó desapercibida a Palmira. La plataforma estaba al corriente de una situación que, de algún modo, afectaba a todo el mundo. No tenían información detallada pero si la suficiente para que fuera tema de conversación.
Verles a todos juntos le permitió dividirlos en dos grupos naturales. Algo parecido a lo que pasaba con los supervisores. Un bloque rígido y militarizado que había olvidado sus orígenes como agentes y una segunda facción que asumía su papel sin dejar de ponerse en el lugar de aquellos a los que ahora conducían. Todos, sin excepción, habían ocupado durante mucho tiempo algunas de aquellas cabinas. Todos habían levantado la mano pidiendo ayuda. La diferencia estribaba en su evolución a partir del momento en que cambiaron los auriculares por los pasillos de las raspas. A los ojos de Palmira unos destacaban por su voluntad de colaboración y otros por su deseo de hacerse notar. Optó por no asignarle pestaña alguna a su pensamiento y lo archivó en la carpeta de varios. Esto la ayudaba a comprender  lo que Palmi le quiso decir cuando le confesó que tenía su coordinador favorito. No era un coordinador lo que su amiga prefería. Era un perfil concreto entre los dos que deambulaban por la sala.
Los nuevos agentes desfilaron en sentido contrario buscando la salida para tomarse el descanso de mediodía. Una llamada de Aisa invitó a Palmira a seguir el rastro de la comitiva. Con el trajín de la mudanza no se había preparado nada. Recurrió a un sándwich vegetal que por dos euros le amortiguó el apetito.
En la calle los alevines comentaban los pormenores de su formación. Hablaban de kilómetros, radios, domicilios y averías. Se les veía entusiasmados. Solo uno parecía estar ausente; se limitaba a escuchar y lo hacía sin demasiado interés. De vez en cuando miraba a otro lado como si buscara la salida de un espacio en el que no se sentía bien. – Este, al menos, debe ser fisio. – Se rió de su propia ocurrencia y cruzó la calle buscando la sombra protectora de un árbol. El verano ya asomaba en el calendario.
El Yayo regresó de su descanso. Aisha no estaba en su puesto. Le extrañó porqué normalmente le esperaba para que le sustituyera mientras ella se tomaba el tiempo de comida. Era Estrella la que llevaba el timón de la plataforma. – Hoy Aisha tenía prisa por comer, ¿no?- . Estrella le hizo un gesto con la mano pidiendo que esperara mientras desviaba una llamada de asistencia a un agente de Gold Plus. – No. Se ha sentido mal y Ambar la ha acompañado al hospital. Estaba pálida y le costaba respirar. Creo que ha tenido otra crisis de ansiedad -. Jacobo miró en dirección a las mesas de los supervisores. Solo estaba Manuel que atendía una consulta de Minerva. –Y estos... ¿Qué han dicho?- . Estrella le explicó que Manuel y Teresa  se habían ofrecido para acompañarla y que otros ni siquiera se dieron cuenta. Jacobo le transmitió sus dudas al respecto. – Seguro que hubo quien miró a otro lado, Estrella -. Su compañera dibujó una sonrisa ambigua y siguió tecleando cambios en los canales de llamadas.

Tenía que saber donde se escondía su mujer. Amparo y Ramón no le habían servido de ayuda para eso. Era cosa suya.
Aparcó dos manzanas más abajo de la plataforma para alcanzar andando la esquina opuesta a la salida de Palmi. A los poco minutos la vio ganar la calle departiendo alegremente con otra mujer. –Lógico. Si tiene un tío no serán tan desvergonzados como para verse aquí -. Se marcó una distancia prudencial y la siguió hasta que cruzaron la calle y se detuvieron en la parada del bus. Retrocedió hasta el coche llevándolo al mismo punto de observación. No le iba a resultar difícil seguir al bus sin que le vieran. Consumó la persecución hasta el final. Palmira y Palmi se apearon. Aitor no las perdía de vista. Recorrieron los cincuenta metros que les separaban de la casa de María y cruzaron el portal.
el 57 -. Metió calle y número en la cabeza mientras decidía esperar unos minutos. – Si no sale en media hora debo pensar que vive aquí -. Cabía la posibilidad de que aquella fuera la casa de su compañera. En cualquier caso le servía como punto de partida para controlar sus movimientos.
Una furgoneta blanca y sin rotular que estacionó a pocos metros del portal no le llamó la atención. Tampoco lo hicieron los dos hombres que, a los pocos minutos, iban colocando bolsas y cajas en el interior del furgón. Apagó el cigarrillo, miró por el retrovisor y se ganó el agradecimiento de un conductor que se sentía afortunado por el hueco que Aitor le dejó mientras orientaba el coche hacia la casa de sus suegros. Quería ver a sus hijos.

Amparo se sentía peor que en la mañana. Hizo el esfuerzo de recoger a los pequeños en la escuela para no desairar a su marido. Les dio una merienda de abuela y se retiró a su habitación con la esperanza de que tendiéndose un rato en la cama conseguiría mejorar. Cuando Aitor llegó dormía a pesar de la sensación de ahogo que apenas la dejaba respirar.
- La he localizado. Sé donde se esconde -. Ramón le pidió que continuara. –Creo que es la casa de un compañera de trabajo. Y no sé si tiene alguna historia con un tío. La he visto desarreglada para eso -. Lo dijo para tranquilizar la mayor de sus sospechas. La respuesta de Ramón le creó de nuevo serias dudas. – Demasiado apañada no puede ir, Aitor. Se fue de aquí con lo puesto. Deberías saberlo. Tu estabas cuando se marchó- . Aitor maldijo la memoria de su suegro. Era cierto. La ropa que llevaba cuando la siguió no encajaba con su forma de vestir. Se la habría prestado esa amiga. -¡Joder! ¡Le presta la ropa y la cama para que se revuelque con otro! -. Lo exclamó entre dientes intentando que Ramón no le escuchara. –Bien, hijo. ¿Qué piensas hacer?-. No podía responder a eso. Le salvaron sus hijos que entraron corriendo en el salón y le abrazaron. Urko con su inseparable avioneta en las manos. Ainoa con la cara pintada con galletas reblandecidas. -¡Papá! ¿Nos llevas al parque?-. Les distrajo de su idea con un engaño –Ahora donde voy a llevaros es a la cueva de Alí Babá. ¡Escondeos! ¡Rápido! ¡Cuento diez!- La inocencia es algo que nunca deberíamos perder.
Hyde estaba adueñándose de Hekill. Aitor no tenía ningún interés en presentarle a su suegro tan siniestro personaje. La idea de que Palmi tuviera un amante le obnubilaba. La mejor excusa para no reconocer nuestro delito es convertir a la víctima en culpable. – Me voy a casa, Ramón. Necesito pensar. Intenta llamarla tú, por favor. Dile que la necesito, que sus hijos y yo la necesitamos- . No esperó respuesta porqué no le interesaba, fuera cual fuera, el pensamiento de su suegro. Hyde ya mandaba y había llegado su momento. -¿A qué has venido, Aitor? -. La pregunta no le llegó. Había cerrado la puerta antes de que Ramón la formulara.  

Salitre dio por finalizado su rastreo. El resultado no era demasiado esperanzador pero sabía adaptarse a las circunstancias del coto. Si no oteaba  gacelas su punto de mira se resignaba a la caza de una loba. Lo importante para él era apretar el gatillo. Nunca le hacía ascos a un disparo, fuera cual fuera la edad de su presa.
Era un filósofo de saldo pero intuía el furor uterino a cualquier distancia. Aquella loba destilaba anhelos. Le pareció suficiente para iniciar la cacería de Maruja.
Necesitaba convencerse a si mismo y para ello se dedicó a sublimar la imagen de aquella mujer que no tenía reparos en abrir la ventana de su escote. La imaginó fuera de la sala, hablando por los codos, dejándose halagar por un pico de oro como él, relajándose en la confianza, olvidándose de prudencias, sirviéndose otra copa y acercándose con descaro para pedir fuego para un cigarrillo y para ella. –Seguro que es de las que se calientan a la primera-. Siguió entrando en calor imaginando sus logros hasta que dio por buena su auto motivación. Se levantó de la mesa para buscar en el mueble algún libro cuyo título le sirviera para impresionar a Maruja. Sin un libro en la mano no sabía disparar. “Como ganar amigos e influir sobre las personas” de Dale Carnagie le pareció el idóneo. Lo dejó en la entrada para que al día siguiente le acompañara hasta el coto. Eran las nueve. Buena hora para cenar.

Maruja revivió por enésima vez sus tardes sin sentido. La sartén y cuatro huevos le servían de partitura para una cena adobada con el Telediario y algún eructo de Venancio. Huevos fritos y los restos de un solomillo de cerdo que no podía aguantar más en la nevera.
Venancio tenía momentos graciosos. Especialmente cuando imitaba a personajes televisivos. Cambiaron de cadena. El Gran Wyoming era uno de los preferidos de Venancio. Maruja dejó de rebañar pan en los restos de su cena para estallar en una carcajada parecida al solomillo. Su risa llevaba tanto tiempo en la nevera de la indiferencia que casi se atraganta.
Su marido se sintió otra vez algo en todo aquello. Inclinándose hasta Maruja la propuso un beso sin palabras. Dos bocas impregnadas de pan y huevo frito que buscaban rescatar pasión en el olvido. La cama estaba lejos. El sofá allí mismo.
Venancio se desabrochó el cinturón con la misma prisa que Maruja liberaba su sonrisa vertical. La cara del hombre enrojeció mientras la de la mujer ensombrecía. Se callaron. No era nuevo para ellos.
- ¡Anda, garañán! Vete al baño o pondrás perdido el sofá-. Venancio se incorporó. A Maruja le pareció grotesca la imagen de aquel hombre sujetándose los pantalones camino del aseo.
La fortuna estaba haciendo juegos malabares. Ni Salitre ni Maruja lo sabían. Venancio, por no saber, no sabía nada. Miró hacia abajo antes de abrocharse. -¡Quién te ha visto y quién te ve!-. No era un epitafio pero a el se lo pareció.

Se sentaron agotadas. – ¡Bueno, chica! ¡Ya estamos en casa!-. Más que una afirmación sonó a suspiro. Palmi estaba rendida. -¡Siiiiiiiii!-. Su amiga estalló de júbilo. Compartieron una cerveza tibia sin alcohol. –Mañana las bebidas ya estarán frías. Por cierto, recuérdame que tengo que comprar Cola Cao para los niños-. Al decir esto Palmi dejó de sonreír. Le faltaba lo difícil. Ir a por sus hijos. El enfrentamiento con su padre era inevitable. Y no podía descartar otra aparición de Aitor. –No te atosigues ahora con esto. Mañana veremos que hacer. Aunque me parece que tendrías que recurrir a la policía. El inspector se te ofreció, ¿recuerdas?-. Palmira siempre la tranquilizaba. –Tienes razón. Mañana será otro día. Ahora nos conviene descansar. ¡Ya tenemos una habitación para cada una!-. Brindaron con la poca cerveza que les quedaba en los vasos y se abrazaron. Aquella noche olía a libertad.

Aitor se maldijo. Había cometido un error de principiante. Tenía el número de la calle donde se escondía Palmira pero no sabía en que piso se estaba amancebando con otro. Se arriesgó a que le vieran y se plantó en el portal. A los pocos minutos María llegaba como siempre. Mitad serena, mitad fumada, mitad indiferente. Una extraña proporción que la hacía irrepetible.
La cortó el paso con cierto nerviosismo. – Disculpa. No sé si puedes ayudarme. Me han dicho que en esta escalera viven dos amigas que trabajan juntas en una empresa de telecomunicaciones. Pero no han sabido decirme en que piso-. María fingió dudar mientras intentaba pensar con rapidez. Seguro que aquel hombre era el marido de Palmi. Necesitaba encontrar una salida convincente. – Si, las he visto alguna vez. Por lo que me dices supongo que son ellas. Pero no sabría decirte en que piso viven. Aunque me parece que se han marchado. Esta tarde estaban cargando paquetes en una camioneta-. Lo dijo sin respirar para que no se la notara el nerviosismo. - ¿Y tú, en que piso vives? -La pregunta pilló de sorpresa a María que contestó como un autómata. –En el 2º B-. Aitor quería más. -¿Y vives sola?-. Mientras contestaba afirmativamente  su pensamiento reaccionó –No sé para que quiere saber donde vivo y con quién.  Tenía que haberle contestado que era algo que a él no le importaba-. Aitor sonrió; se despidió agradeciéndole la información y dando media vuelta caminó hacia su coche. María respiró. Subió a casa y cerró la puerta con llave.
No habían pasado tres minutos cuando Aitor cruzaba el portal y buscaba el buzón del 2º B. –María Fernández y Palmira de Palma- Le brillaron los ojos.
-Esa puta me ha mentido, seguro que son ellas. A mi no se me engaña. ¿Así que vives sola eh? ¡Maldita zorra!. Y la otra tiene que llamarse igual que la puta más puta de todas. Conmigo no se juega. Ahora veréis, os voy a dar vuestro merecido-. Los ojos ya no le brillaban. Se le habían empequeñecido como si no alcanzaran a ver el texto del buzón al que ya no miraba.
Ramón se las compuso para acostar a los niños. Amparo seguía en cama y no mostraba ningún síntoma de mejoría. Respiraba mal. No se sentía con fuerzas para llegar hasta el baño. Era terca, y se negaba a que su marido llamara al servicio de urgencias. –Anda, acompáñame al baño y luego nos acostamos. Ya verás como mañana estoy bien-. A pesar de su autoritarismo el patriarca de la familia Ochoa sabía que era imposible discutir con su mujer. Si tomaba la decisión de llamar al médico contra su voluntad era capaz de castigarle sin hacer flanes de huevo durante tres meses. Y eso Ramón, no se lo podía permitir. Sin esos flanes era otro hombre. La fortaleza de los mortales, a menudo, es una sustancia blanda que se desmorona con una cucharilla.
Aisha pasó toda la tarde adormecida. No le apetecía nada tomar los ansiolíticos que le dieron como remedio. Los fármacos intentaban paliar los efectos pero no combatían la causa. No cenó nada. Prefería descansar. Al día siguiente llegaba su madre y se lo habían dado libre. Dormiría mientras el cuerpo se lo pidiera. El avión llegaba a las 2 de la tarde. Tenía todo el tiempo del mundo por delante. Admitió que el medicamento podría ayudarla a sentirse mejor lo tomó y se entregó a la propuesta de complicidad que la cama le ofrecía.

No le apetecía demasiado bajar la  basura. Pero el calor descomponía los restos de comida. –Es un momento- Estimulándose con esa idea María, cerró la bolsa y se dirigió a la puerta. No tuvo tiempo de reaccionar cuando Aitor le impidió cerrarla. -¿Dónde está?-. La pregunta pasó por encima de María acompañando a una mirada inquietante que barrió el salón buscando lo que no pudo encontrar.
Empujó a María y cerró la puerta. La basura se desparramó por el suelo de la entrada. -¡Está ahí dentro! ¡Que salga, que salga ahora mismo o voy yo a por ella!-. No esperó; dio una patada a la puerta de un dormitorio. La cama sin hacer y poco más. María estaba petrificada. Tuvo la tentación de huir aprovechando que Aitor se dirigía a la habitación contigua. Pero el miedo la atenazaba y algo le decía que tenía que defender su casa. –Me vas a decir donde anda la puta de mi mujer. Y no me mientas. Igual que he descubierto que me has mentido cuando decías vivir sola acabaré sabiendo la verdad…Y si me mientes te acordarás para siempre de quién soy yo-. Respiraba con dificultad y sudaba copiosamente. –No sé de que me hablas, de verdad…Aitor, por favor, tranquilízate. Creo que te has equivocado- . Fueron los dos segundos más largos de su vida. -¿Aitor?... ¿Aitor?... ¿Y tú como sabes quién soy? ¿Porqué me has llamado Aitor?- La golpeó en la cara con el dorso de la mano. María intentó protegerse pero era imposible escapar de aquellos brazos que se movían como las aspas de un molino y se estrellaban en su cuerpo. –Me vas a decir donde está….Me vas a decir donde….Me vas a decir quién es el hijo de puta que se la está follando….Y me lo vas a decir ahora. ¿Me oyes?.... ¡Ahora!-.
La seguía golpeando sin dejar de gritar. Apenas se le entendía. María se desplomó pidiéndole a la noche que aquello terminara. Una patada en el riñón le anunció que la noche la estaba escuchando. Cuando el zapato de Aitor se estrelló en su cabeza ya no sintió el golpe. Solo un chasquido y el sabor de su propia sangre. Perdió totalmente el conocimiento intentando escupir un diente.
Aitor removió toda la vivienda buscando algo que le ayudara a entender. En la cocina, sujeta por un imán con la imagen del toro de Osborne, encontró una nota con una dirección. -¡Ya te tengo! -.
María seguía en el suelo, sangrando e inconsciente. Solo el temblor convulso de su mano derecha indicaba que no dormía.  Aitor pasó sobre ella sin mirarla. Apartó la bolsa e basura con una patada y se marchó dando un portazo.

Jacobo dejó que la noche resbalara sobre él sin invitarle al descanso.  Sentado frente a su idea iba buscando la métrica precisa para convertirla en historia. No le resultaba sencillo contar aquello desde la perspectiva de un escenario tan desconocido como un call center. Era vital darle sentido a la relación que existía entre la vida de cientos de personas con nombre y apellidos y el anonimato de su trabajo. El anonimato no estaba solo en la opacidad informativa que se podía tener de una plataforma de servicios telefónicos. Donde realmente pesaba era en la relación interpersonal. Salvo excepciones nadie conocía a nadie pero, también salvo excepciones, todo el mundo tenía creada su opinión de los demás. Se creaban corrientes, prejuicios, presunciones, escalas de valores, incluso juicios sumarísimos con la misma facilidad que se atendían las llamadas.
Hasta aquí nada que no pudiera pasar en cualquier sitio. Ni buenos ni malos sino todo lo contrario. Una mayoría que intentaba llegar y marcharse sin que apenas se notara su presencia y una minoría cuyo abanico de diversidad rompía cualquier monotonía. Ni buenos ni malos también; pero con actitudes que salpicaban las emociones más allá de si mismos.
Antagonismos naturales, químicas intensas, envidia, entrega, trepas, eficacia, conspiradores, pacifistas, bocazas, silencios dañinos, egos y evangelios.
Un detonador siempre tiene la fuerza necesaria para provocar explosiones. El acoso es, en el mundo laboral, detonador por excelencia. Como lo es, tristemente, en la vida real. Lo mismo sucede con el maltrato. Algo que en la vida real se penaliza y se persigue mientras que en el campo profesional sufre cierto desamparo. Solo es noticia la sangre. Si te golpean con un calcetín lleno de arena que no deja señales a nadie le interesa.
Este podía ser el esquema de la historia. Al día siguiente descansaba y decidió seguir. Son cosas que pasan cuando se encuentra el nexo de unión entre cien borradores y un único relato.
Hecho el esbozo se trataba de marcar los segmentos temporales, la relación causa efecto entre personajes dentro y fuera de la plataforma. Algo tan posible como probable nacido al amparo del día a día y a lomos de secuencias reales vividas en la plataforma y otras compuestas por la imaginación del autor –las privadas- con intención de crear ese vínculo que convierte en personas a todos aquellos que pierden su identidad cuando se logan.
Dos enfrentamientos naturales. De un lado Violeta y Aisha, representando la obcecación de un poder inexistente por emerger por encima de cualquier situación. La otra cara se refleja en Palmi y Aitor. La indefensión del ser humano ante otra obcecación, la de  sentirnos dueños de aquello que creemos querer. Para equilibrar ese cocktail de emociones necesitaba de  alguien que lo contara. Palmira. Una agente recién incorporada que nos dibujaría los paisajes de la sala, el ir y venir de su gente y las vicisitudes de su amiga. Palmira de Palma era la bisagra que permitiría  relacionar los bloques principales de lo que Jacobo pretendía.
Ya empezaba a clarear cuando se dio por satisfecho. En cincuenta y tantas páginas podría exponer con claridad los avatares del relato. Por lo tanto, al llegar a la sesenta –o pocas más- ni Violeta ni Aitor ya le serían necesarios.
Solo tenía que pensar en como deshacerse de ellos.
La página 54 serviría para resumir lo que pensaba en aquella noche en la que decidió llamar “Memorando de nada” a todo lo que quería contar. O sea, nada.

11 comentarios:

  1. Hasta ahora parece que solo trabajan en ese call centar violeta, las palmiras,aisa y jacobo...tengo entendido que hay muchas mas cosas que contar a parte de las historias de violeta y aisa, de hecho creo que hay victimas peores q la q tu mencionas y q han sufrido igual o mas..o deberiamos de llamar esto "memorandum de violeta y sus ataques"??? Creo que se te escapan varios temas como uno bastante frecuente "los favoritismos que se hacen para ciertos puestos o cargos"..creo que aisa no es tan sufridora como nos la quieres hacer ver, porque no hablas de sus tratos con ciertos agentes??!! Aqui hay que hablar de todos y todo

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  2. Gracias por tu comentario.
    Es bueno que creas que hay más cosas por contar. Seguro que si. Solo estamos en la página 54. En cualquier caso y con tu permiso seguiré siendo yo el que escribe. Acerca de los favoritismos no tengo respuesta. Si estoy en la empresa que estoy es porqué quiero. Si no me gustara ya no estaría. Y la medida del sufrimiento ajeno es siempre relativa. No hay nada mas relativo que decir "creo". Personalmente soy partidario de decir y escribir "sé". Estás en tu derecho de creer lo que consideres pero es más loable conocer que creer. ¿Hablar de todos y de todo? Ya lo estoy haciendo y habrá más. Se trata de leer un poquito más allá. En cualquier caso si crees que hay cosas de las que se debería hablar tienes la opción de crear un blog y contarlas. Prometo seguirte.

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  3. Estoy d acuerdo con q hay mas cosas q contar y con q el dibujo d ciertos personajes no lo vemos todos igual...d hecho yo no lo veo nada parecido a como lo ve jaime pero tambien estoy d acuerdo con el en q es su blog y escribe lo q quiere...si consideras q lo q jaime cuenta no t gusta siempre estas a tiempo d escribir tu propio blog...

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  4. ME HE VISTO OBLIGADO A SUPRIMIR DOS COMENTARIOS POCO AFORTUNADOS DIRIGIDOS DE MANERA PERSONAL A MIEMBROS DE LA PLATAFORMA. NO ES ESTA LA FINALIDAD DEL BLOG. NUNCA BORRARÉ CONTENIDOS QUE CRITIQUEN MI MANERA DE VER LAS COSAS. PERO ESTA PÁGINA NO ADMITE ALUSIONES PERSONALES. NADIE ES NADIE EN MEMORANDUM DE NADA.

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  5. JAJAJAJA, QUE GRACIOSO, JEJEJEJEJE ¿ HAS SUPRIMIDO ALGUNOS COMENTARIOS POCO AFORTUNADOS? JAJAJAJAJAJAJAJA, ME PARTO ¿ DUELE HEEE? PUES TOMA DE TU PROPIA MEDECINA, Y DONDE LAS DAN LAS TOMAN, AVER SI APRENDES A RESPETAR A LAS PERSONAS, Y SOBRE TODO SI SE TRATA DE MALOS TRATOS.

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    1. Me había quedado con ganas de seguir contestándote. Y hoy es un día idóneo para ello. La hija de mi hija está en una UCI y me vienen muchas cosas a la cabeza.
      Especialmente en cuanto a los malos tratos. En ningún momento he faltado al respeto. Porqué es una ficción y porqué tengo motivos y experiencia familiar en algo tan delicado. Piensa que en el blog soy Ramón.
      Sé lo que tengo que saber porquè lo he vivido y tengo motivos para defender a las víctimas por convicción y por motivos personales. Mi medecina es mi experiencia. Cada línea del blog que habla de este tema es un homenaje a las víctimas.

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  6. Gracias por el tuyo. Este no voy a suprimirlo porqué va dirigido a mi. Pero siempre borraré todos aquellos que intenten ofender a CUALQUIER persona de la plataforma. ¿Eran tuyos los que he borrado?
    Fueron suprimidos porqué insultaban a compañer@s tuy@s sin tener la decencia de firmar. Lo que yo pueda escribir gustará más o gustará menos; pero lo firmo. Acerca de los malos tratos no voy a responderte porqué lo que describo en el relato no falta al respeto a nadie. Mas bien al contrario. Otra cosa es que tu necesites "medecina" para entender lo que lees y jarabe para escribir correctamente. Tu comentario se queda. Así no te ries sol@.

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    1. Pero con puedes ser tan falso, e inventar tal comentario, el que usted ha suprimido solo hace referencia a su ser, sin escrupulos. RESPECT por favor, esque tiene usted la mente tan sucia y vacia que solo la puede alimentar con comentarios sobre compañeros,no tiene vida propia? ah me olvidaba que su vida es el trabajo, que triste , te recomiendo leer un poco EL MUY INTERESANTE.

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    2. Afortunadamente este blog ha recibido mas de 4000 visitas que han podido comprobar que los comentarios eliminados hacían alusión a otras personas. Me mantengo en lo dicho. No pienso borrar los que hablen del contenido del relato o hagan alusión a mi persona (como este tuyo en el que dices como es mi vida y que tengo que hacer con ella). ¿Cómo no voy a dejar un comentario tan edificante como el que no firmas? Que lo lean todos. Y cuéntales a tus amigos que, a pesar de no tener la dignidad de firmar lo que escribes, te leen centenares de personas. Es un placer dejarte mi blog para que sigas escondiéndote.

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  7. Gracias,Jaime... he empezado a leer el memorandum hoy, realmente es así como se siente todo el mundo cuando empieza aquí??????Creí que era yo sola, pensé que nunca podría llegar a adaptarme, como dice el dicho""mal de muchos,consuelo de tontos"". Pero de lo que he leido hasta ahora, todo lo que cuentas yo lo he visto y el que no lo quiera ver...es que algo esconde!!!! Creo que voy a ser fiel seguidora, solo por ver otro punto de vista o que me ayude a descubrir cosas que pueda utilizar para mi crecimiento personal.

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    1. Me gustaría responderte que si. No lo sé. Solo recuerdo como me sentía yo; algo que creo ver, a menudo, en otros compañeros que llegan a la plataforma con carita de nada. Lo que puedas haber visto es lo que es. Interprétalo como entiendas. Ya tienes mucho conseguido en tu crecimiento personal preocupándote del mismo. Si el blog te es útil me encantará ser cómplice de tus inquietudes.

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