<<<<<<<Viene de la 9ª ENTREGA>>>>>>> Podéis leer las 10 entregas sin cortes accediendo a "TODO LO PUBLICADO HASTA AHORA".
Apenas le quedaban unas dos mil palabras para
terminar “Los Pilares de la Tierra”, pero quiso dormir. Y no le parecía
adecuado hacerlo como siempre, con la luz encendida y el libro de compañero de
almohada. Quiso inaugurar su nueva habitación cumpliendo con los cánones que
imponía la ortodoxia; puso el punto en el libro, lo dejó sobre la mesilla de
noche, apagó la luz y se entregó a las sábanas llena de felicidad por la nueva
conquista de su vida. La sensación de armonía era absoluta. Iba a dormir
soñando que dormía entre nubes de algodón.
Al otro lado del tabique Palmi medía visualmente el
espacio que iba a quedarle cuando quitara la otra cama. Suficiente, más que
suficiente para poner una litera. A sus pies y contra la pared le cabía una
cómoda. Seguro que en IKEA encontraría soluciones para todo a un precio
razonable. A ambos lados del tabique se respiraba ilusión.
Otra bolsa de basura le ofreció la oportunidad de
entrar sin necesidad de tocar un timbre a ciegas. Los buzones ya dormían y no
le dijeron nada. Pero si varias cartas apoyadas sobre el destinado a las
devoluciones. Cinco sobres; cuatro del mismo destinatario. –Debe ser este. Esas cartas son del último inquilino-. Subió por la escalera. Al
llegar frente a la puerta que buscaba se sintió victorioso. Por fin iba a poner
las cosas en su sitio. Le partiría la cara a ese mal nacido que le había robado
a su mujer y se la llevaría a casa tanto si quería como si no; por las buenas o
a rastras.
No escucharon el timbre a pesar de su insistencia.
Aitor insistió. -¿No quieres abrir? ¿No
quieres que te pille? ¡Pues me abrirás! ¡Vaya si me abres!-. Golpeó la
puerta con los nudillos. Los golpes se esparcieron por el vacío de la escalera.
En la puerta contigua se escuchó el roce de una mirilla dispuesta a curiosear
lo que pasaba. A curiosear y a quejarse. -¡Por
favor! ¡No son horas! En este piso hace semanas que no vive nadie. ¡Deje de
molestar de una vez o llamamos a los municipales!-. Se contuvo guiado por
la prudencia. Volvió a tocar el timbre; primero con pulsaciones cortas. No
sabía controlarse y presionó con más intensidad.
Palmira y Palmi dormían plácidamente. Estaban
agotadas y no escucharon ni el timbre ni los golpes. Cuando se alcanzan las
nubes de algodón del cielo ningún quejido de la tierra consigue rasgarlas.
Siguieron soñando mientras su vecino volvía a amenazar a Aitor con llamar a la
policía hasta que le obligó a desistir. Nada iba a impedir que la primera noche
fuera oscura y tranquila para ellas.
-Si te
escondes aquí mañana te daré tu merecido- Salió a la calle con el propósito
de volver. –Ir a casa ahora es una
gilipollez-. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón; 150 euros. –Voy a reventarlos-.
La infelicidad es un derecho. O como tal se lo toman
aquellos seres que solo se sienten bien sumergidos en la amargura. Solo así se
entiende que no hagan nada por cambiar su situación. Al contrario, ponen todo
su empeño a absorber a otros y clonarlos. Son como remolino de aguas
turbulentas que se traga a bañistas desprevenidos. Un infeliz alcanza su
esplendor cada vez que puede robarle la paz a otro mortal.
Este era el pensamiento de Velma, una de las
coordinadoras de Gold Plus. Ella también había sido mordida en varias ocasiones
y no creía demasiado en el antídoto. La farmacología suele ser lenta en sus
avances. En pocos días su autoestima bajó a niveles insospechados.
Especialmente aquella misma mañana cuando un simple malentendido llevó a
Violeta a llamarla mentirosa delante de varias personas. Se lo dijo en voz
alta, si reparos, con la dureza que solo se puede emplear cuando se tiene razón
y el otro lo niega con descaro. No fue así; ni tenía razón ni Velma opuso mayor
resistencia que la lógica cuando se defiende la verdad.
En su intento por dormirse con las ideas ordenadas
solo consiguió desvelarse. –Sabía que yo
estaba en lo cierto; y eso la ponía en evidencia. Llamarme… ¡que digo
llamarme!...gritarme que era una mentirosa para que todos lo oyeran era su
salida para ocultar su error-. Si las razones eran estas, y otras no podían
ser, consideró como imprescindible una reacción inmediata por su parte. El
antídoto no estaba funcionando.-Sublima
su infelicidad atormentando a cualquiera que sonría-. Primero ella, luego
Aisa Y Jacobo. En apenas unos minutos tres dentelladas sin sentido. La medicina
preventiva fallaba. A menudo, las buenas intenciones, son solo un placebo. –Tengo que dormir ahora. Mañana lo comento-.
Cerró los ojos y volvió a quererse.
-¿Y cómo es
que un tiarrón tan guapo como tu se ha quedado solito? Si yo fuera tu mujer no
te dejaba por nada del mundo-. Las luces azuladas y una música de fondo
imperceptible envolvieron las palabras de Mesalina que, mientras hablaba daba
tironcillos a los pelos del pecho de Aitor. Olía a perfume de bazar y a cava
barato. –Anda rey, invítame a otra copita
de champagne y verás como te hago olvidar las penas-. Aitor sintió una
pierna entre sus piernas mientras buscaba al camarero ordenándole con un gesto
que llenara de nuevo la copa de ambos. –Podemos
tomarla dentro. Allí puedes contarme todo mientras yo te hago ver las
estrellitas... ¿Quieres?-. Se acercó hasta lo imprescindible para que Aitor
se embriagara con su proximidad. La puso una mano en la cadera empujándola
hacia el. –Si, mi rey, eso quiero….Pero
dentro. Aquí no me dejan. Anda, dale cincuenta eurillos a Manolo y nos llevamos
la copita al reservado-. Ebrio de insatisfacción se dejó llevar hasta lo
desconocido detrás de una cortina. El alcohol le ayudó a no sentir nada; ni
siquiera el odio que le había llevado hasta allí.
La calle se había vestido de feria con el destello
de las luces de una UCI móvil. Estacionada frente a la casa de María esperaba
que los camilleros bajaran el cuerpo. Un paramédico se les adelantó para
preparar la unidad. –Está mal. Pero si no
hay lesiones internas de mayor gravedad podrá contarlo-. Ayudó a sus
compañeros a acomodar aquel cuerpo maltrecho y se sentó a su lado para
controlar sus constantes. A través del ventanuco que daba a la cabina pidió que
llamaran a la policía para informar. Observó el rostro hinchado de María.
Respiraba bien. Tomó su mano
presionándola con afecto. – Si nos llamas
media hora mas tarde estaríamos camino del forense-.
El primer rayo de sol le recordó que las borracheras
se pagan. Los pinchazos en la nuca y el desagradable olor a vómito evocan lo
que queremos olvidar. Eran las siete. -¡Mierda!
Si estaba allí ya se habrá marchado-. Su rabia creció a pesar de que el
cuerpo le agradecía que no le exigiera, ahora, el esfuerzo de ir a ninguna
parte. Apretó el acelerador camino de su casa deseando que el agua de la ducha
estuviera más fría que nunca.
Le costaba atinar con la llave del portal. Ya no
estaba ebrio pero tenía la mano entumecida a causa de los golpes.
- ¿Aitor Goñi?
-. Se dio la vuelta para responder pero no supo hacerlo. Un inspector de
policía y dos números de uniforme le miraban con tanta intensidad como
indiferencia. –Va a tener que
acompañarnos-. El que vestía de paisano se lo dijo con la misma naturalidad
que tiraba de uno de sus brazos para esposarle. Aitor no reaccionó. Solo se
preguntaba mientras le metían en el coche Z porqué nadie le había soltado la
parrafada de sus derechos. –Es lo que
sale en las películas-. Su detención le pareció poco digna para alguien
como el.
Un agente se sentó a su lado. –Cuando le haya visto el forense llamaremos a un sanitario para que le
cure esta mano. La tiene usted muy hinchada-. El coche Z arrancó y se
dirigió a comisaría sin sirenas y sin luces. – ¡Que mierda de detención!-. Fue el único pensamiento de Aitor en
un amanecer mal pensado.
Al llegar refutaron sus datos en una ficha que ya
tenían y, mientras esperaban autorización para ponerlo a disposición del juez
le llevaron a una celda donde le brindaron como desayuno un bocadillo de pan
gomoso con salami y un café con leche sin café. A los pocos minutos de
permanecer en su encierro se acercó a la pequeña ventana que le permitía ver la
penumbra de otros silencios encerrados Se sintió protagonista gritándole a
nadie -¡Quiero un habeas corpus! ¡Estoy
en mi derecho! ¡Exijo un habeas corpus!-. -¡Cállate, joder!-. Otros detenidos le sentenciaron a esperar.
Velma se sumaba a la corriente de opinión que
proponía medidas contundentes para terminar de una vez con el problema. Aisha
disfrutaba de permiso para recibir a su madre pero ello no impidió que los
coordinadores acordaran presentar una queja conjunta en la que se exigiera algo
más que una terapia paliativa como la empleada hasta el momento. Era evidente
que no había resultado. Todos coincidían en ello. Los calmantes no sirven para
nada cuando la causa del dolor es una infección. Se precisa un tratamiento agresivo,
directo y sin concesiones. La idea del
analgésico propiciada por Ambar se había quedado en una declaración de
intenciones a dos bandas. Máximo efecto 48 horas.
Por la estrategia de su puesto las experiencias
desagradables de Aisa parecían más notorias. Pero a medida que el equipo iba
recordando y tomando nota de las situaciones que cada uno aportaba el peso
global adquirió proporciones que permitieron al grupo decidir que ya no
otorgaba margen para negociar otra promesa de cambio. –Esperemos a mañana para ver si Aisha está de acuerdo y nos ponemos en
marcha- Era hora de trabajar. Aprovecharían los descansos para esquematizar
un borrador que detallara cronológicamente lo más significativo, adjuntando la
copia de diversas quejas que, en su momento, se habían presentado por escrito.
Su señoría dictó prisión provisional para Aitor
hasta que se sometiera a las pruebas forenses y María hubiera declarado. El
abogado de oficio le informó de que podía hacer una llamada o, si lo prefería,
el la haría en su nombre. Estuvo tentado de llamar a Ramón pero sabía que ya no
podía contar con su apoyo. –La he cagado-.
Subió al furgón. Le acompañaban en el traslado dos hombres trajeados. Le
parecieron ridículos vestidos de ejecutivo y esposados. El más joven mostraba signos evidentes de haber
llorado. Aitor sentía curiosidad por saber qué hacían allí dos personajes tan
finolis. Pero no les preguntó. Hacerlo podía significar que él tuviera que dar
explicaciones y no le apetecía en absoluto. –Seguro que es cosa de dinero. A estos les sueltan antes de que yo haya vuelto
a comparecer -. El vehículo emprendió su camino dando un tirón que le
abstrajo de cualquier pensamiento. Aquel silencio compartido se convirtió en
miedo. Sin decirse nada los tres se dijeron que nunca había estado el prisión.
Son momentos en los que se lamenta haber considerado interesantes decenas de
películas y series televisivas. –No sé si
sabré cagar dentro de una celda-. Sintió un retorcijón inconfundible. El
miedo siempre ha sido un digestivo de efectos inmediatos.
La conciencia siempre está y nos advierte. Así lo
entendió Violeta al sobrentender que ella era la causa de aquel carrusel de
voces y palabras.
No era la primera vez que tenía un espasmo de
coherencia. Cuando eso sucedía su inteligencia se ponía al servicio de la razón
y la autocrítica. Era un destello breve pero intenso. La petición de un “habeas
corpus” no es solo un trámite penal. Como tampoco el miedo es exclusivo de los
que cruzan por primera vez la puerta de lo desconocido.
Conocía el origen de todo aquello. Se remontaba en
el tiempo. Había invadido un espacio que no le correspondía amenazando a los
agentes de una raspa porqué no atendieron una orden que se contradecía con las
recibidas por parte de su supervisora que, cumpliendo con el protocolo,
transmitía lo dispuesto por el responsable del día en la sala. Ella no supo
controlar su vanidad y, al comprobar que los operadores hacían caso omiso de
sus disposiciones, les advirtió de las posibles consecuencias de tamaña
desobediencia. Lo hizo a su estilo, convirtiendo lo que podía haber sido un
apunte en una amenaza dislocada.
Fue el primer brote de insumisión de una plataforma
cansada de sentirse avasallada por un desprecio sin sentido. Presentaron una
queja formal, razonada y refrendada por los diez operadores afectados.
Por aquel entonces en aquella raspa estaban sentados
cogiendo llamadas algunos agentes que, en la actualidad, eran coordinadores. El
resentimiento la llevó de la mano a dinamitar su trabajo para pasarles factura
por tanto atrevimiento.
Podía haber detenido el proceso. Pero no lo hizo. Al
contrario, extendió el radio de acción de su desaire a toda la estructura de
coordinación. Le había demasiado llegar a ser virreina y no estaba dispuesta a
consentir que nadie cuestionara su capacidad. Es habitual confundir jerarquía
con poder y poder con propiedad. Violeta era consciente de todo aquello. Pero
no encontraba la manera de conciliar su sentimiento de supremacía con el respeto
a los demás. También era consciente de que nunca se plantearía ningún cambio en
su actitud para conseguirlo. Convertir las insatisfacciones personales en motor
de su trabajo era innegociable. Vivía la plataforma con su fuera suya.
Necesitaba que llenara sus innumerables vacíos. Eran un lastre que soltar y lo
hacía dejándolo caer sobre los que entendía como subordinados. Terminar su
trabajo con la certeza de haber zarandeado la tranquilidad de otros le daba
fuerzas para retomar su inconsistencia.
Lo sabía y, en momentos como aquel, no se sentía
bien recordando situaciones que se habría podido evitar. Pero sentirse mal no
significa sentirse culpable ni nos lleva a un propósito de cambio. Todo el
movimiento que había observado en los últimos días la aconsejaba ser prudente,
solo eso.
Acababa de hacer una reflexión equilibrada acerca de
su comportamiento. No quiso darla por buena porqué hacerlo la obligaba a
cambiar los parámetros de su vida. ¿Para qué cambiar si bastaba con ponerse el
salvavidas hasta que las aguas se calmaran? Siempre era así. Aunque algo le
decía que en esta ocasión se la impondría alguna penitencia.
El juez quería tomarse sus vacaciones dejando
cerrada la instrucción previa de la causa de María. Informado por el forense de
que la agredida ya estaba en condiciones de declarar prefirió no esperar y,
acompañado de un estilógrafo y una ayudante de la fiscalía se desplazó al
hospital. Comprobar el lamentable estado de aquella jovencita desdentada
influyó de modo determinante en el sumario. La joven fiscal puso el resto. Le preguntaron a María se
deseaba nombrar abogado para que ejerciera como acusación particular. No se lo
podía permitir. Solo necesitaba que alguien llamara a sus amigas. El forense se
comprometió a hacerlo en cuanto terminara aquella vista improvisada. – Gracias a ti los problemas de tu amiga se
han terminado. Al menos por unos años. Dame su número. En cuanto terminemos con esto la llamo -. María
se tapó la boca con una mano para sonreír. Se sentía horrible pero orgullosamente
satisfecha. Estaba aprendiendo a llenarse con la felicidad de los demás.
Los acontecimientos, cuando llegan a su punto de
ebullición, se precipitan como si estuvieran programados. Por primera vez una
queja había trascendido a la cúpula empresarial que transmitió sus contenidos
al cliente. La relación contractual no
fue obstáculo para que la diplomacia funcionara. Los coordinadores no esperaban
que se adoptaran medidas fulminantes. Lo sabían de antemano. Aunque esperaban
algo más que otra declaración de intenciones consensuada. Pero al menos todo lo
acontecido ya tomaba cuerpo y nadie podía alegar desconocimiento. Lo que
pudiera pasar en adelante estaría dotado de antecedentes claros. Cuando no
podemos evitar que el mar inunde nuestras costas un dique formado por sacos de
arena nos alivia los temores.
Violeta acusó el golpe y, sin dejar de odiar,
construyó su propio dique. Momentáneamente no podía permitirse conflicto
alguno. Le iba a costar retomar su trabajo con los coordinadores pero tenía que
hacerlo.
- Vienes a
preguntarme a mi porqué no hay otro supervisor disponible ¿Verdad? -. Se
lo dijo a Jacobo cuando le hizo una consulta. Carecía de sentido pedir de nuevo
un “habeas corpus”. El coordinador no respondió, limitándose a hablar de lo que
le había acercado hasta allí. Duele más un mutis que diez mil palabras.
Jacobo regresó al campo de batalla pensando que las
flores solo son hermosas cuando están en el plantel. En cuanto las queremos
convertir en parte del todo de nuestro entorno y las metemos en un jarrón
acaban secándose. La que tiene suerte se transforma en recuerdo entre las
páginas de un libro. Otras acaban cumpliendo con el ciclo biológico si van a
parar al deshecho de orgánicos. Las menos afortunadas se quedan olvidadas en el
jarrón y nadie las mira. Y si alguien lo hace no se pregunta nunca si ese tallo
reseco soportó alguna vez pétalos luminosos. Lo que vemos es lo que entendemos.
La verdad nunca es mala ni tiene remedio.
Palmira y
Palmi encontraron a una buena persona que las haría el favor de llevarlas a
IKEA por la tarde.
- Si ya os lo
decía yo y no me hacíais caso. ¿Lo habéis oído, no? Ahora han engatusado a Macu
para que las lleve a comprar muebles para su nidito-. Maruja siempre estaba
donde no debía estar. Salitre estaba donde quería. A un metro de Maruja, con el
cebo de su libro bien visible.
Estrella iba dejando auriculares en el puesto de
algunos agentes. – Voy a sentar contigo
uno de los nuevos para que escuche -. A continuación Velma y Jacobo
colocaban una silla adicional. A Palmira la sorprendió ser una de las elegidas.
Lo entendió como un halago. Le acababan de quitar la etiqueta de novata.
Pestaña verde.
El Yayo retomó su rol de narrador. Había llegado el
momento de enterrar a Violeta y Aitor. En una historia irreal el autor puede
convertir en nada aquello que se proponga. Cuando llegara a casa le pondría fin
a sesenta páginas en las que se había vaciado por sepultar la verdad bajo una
lápida de palabras. Solo nos damos cuenta de lo importante que es la vida
cuando vemos la tapia del cementerio. La muerte siempre da que pensar.
Especialmente si lo que muere es la idea. ¿Podía morir una actitud? Estaba
convencido de que a las ideas no se las podía matar, ni siquiera en la ficción.
-Las ideas son como las cigüeñas. Siempre
vuelven al mismo campanario-. Nunca podría estar seguro de haber empleado
la cantidad de palabras suficientes para enterrar la verdad y no contarla. Lo
que se mata escribiendo nunca deja de vivir.
Capítulo
IV
Paisajes
de libertad.
Le costaba mirar a su hija sin que le invadiera un sentimiento de culpabilidad.
-¿Estáis bien
en ese piso?-. Sabía que si pero preguntarlo le hacía solidario con la
decisión que había tomado Palmira. – Si,
papá. Estamos bien. Solo necesitaba que me cambiaran el horario y me
concedieron el cambio en cuanto lo pedí. Puedo llevar a Ainoa y a Urko a la
escuela y luego recogerles-. No quería que su padre se sintiera mal por lo
ocurrido. Tampoco deseaba que Amparo empeorara. A pesar de todo eran sus
padres. Para ellos la familia como concepto era el motor de su vida y no podía
reprocharles que les hubiera pillado por sorpresa el cambio sufrido por la
sociedad a raíz de la muerte del dictador.
Amparo quiso medir el perdón de su hija. –Pero, ¿nos los dejarás aquí de vez en
cuando, no? -. Palmi pilló al vuelo el mensaje de la pregunta. -¡Claro, mamá! ¡Si no dejan de preguntarme
que día vendrán a dormir con vosotros! ¡Os quieren mucho! -. Una respuesta
tranquilizadora que no contestaba a la preocupación que mortificaba la cabeza de su madre. –Yo lo que quiero saber es si tú todavía nos quieres a nosotros-.
Palmi leyó el estrépito del silencio de Amparo pero no quiso contestar
impulsivamente. Interiorizó el pensamiento y con la excusa de ir a por agua se
levantó. –No sé si puedo quereros como
antes, solo sé que os quiero-.
Por fin se sentía dueña de su vida pero no tanto
como para olvidar que sus dos pequeños necesitaban entender a su manera lo que
estaba pasando. El miedo ya no formaba parte de su horario, pero su libertad
llevaba en la mochila dos pequeños mundos cargados de inocencia a los que tenía
que explicar que algunos héroes no siempre son lo que parecen. Como primera
medida había mandado a Aitor a un viaje muy largo por motivos de trabajo. –Vuestro papaíto es una persona importante en
el taller. Y le han mandado a América a reparar unas máquinas grandes, muy
grandes, que solo él sabe como son. Pero seguro que nos llama; y si no llama
seguro que nos escribe para que sepamos que está bien-. La habían
bombardeado a preguntas para las que tuvo que improvisar inmediatez al
responder. No podía quitarse de la cabeza la mirada de Urko. A un personajillo de siete años la incredulidad
fluye a borbotones por los ojos. -¿Cómo
se lo cuento? – Sus dudas dieron la vuelta a un recodo del sendero de la
angustia para interrogarla de nuevo -¿Tengo
que contárselo?-. Urko seguía rebuscando en las palabras de su madre. –Mamá, si papá sabe arreglar esas máquinas
grandes, grandes, muy grandes. ¿Porqué no me arregla mi avión para que vuele de
verdad?-. Ainoa cogió el avión de su hermano y lo hizo volar con su manita
mientras imitaba el ruido de las turbinas. -¡Pero
si ya vuela, Urko! ¡Mira como vuela! -.
Había salido del momento sin la certeza de que los
pequeños aceptaran lo que les había contado.
Regresó de la cocina con un vaso de agua en la mano
y el recuerdo de cómo había terminado aquel sínodo con sus hijos. Urko se había
cansado de preguntar y tomó el mando decidiendo que su papel de hombre de la
casa era innegociable. –Bueno, ahora
cuando subamos un ascensor yo apretaré el botón. Tu me dices cuál, mamá, y yo
lo aprieto. ¿Vale?
-Tengo que ir
a por los niños. Mañana también libro. Igual me paso otro ratito por aquí-.
Los ojos de Amparo se iluminaron. Ramón la acompañó hasta la puerta dispuesto a
perder los pantalones. No podía, no sabía. Solo cuando la puerta se cerraba y
Palmi no podía oírle liberó balbuceando lo que él quería que sonara como un
grito. –Perdóname, hija-.
-¿Y esto siempre es así?-. Le hacía la misma pregunta que ella hizo el primer día que se sentó como escucha en la plataforma. –Si, cuando hay muchas llamadas en espera los coordinadores insisten permanentemente en que agilicemos. Es la música de fondo que nos ponen para que no nos relajemos-. Le caía bien su nueva compañera. Ponía interés, tomaba apuntes y la dejaba trabajar. Cuando hacía una pregunta se había nutrido de la información necesaria para razonarla. Tener alguien como escucha te vincula a él de manera permanente mientras dura la jornada. Salieron juntas al descanso.
- ¿Palmira,
no? -. –Si, Palmira de Palma. ¿Y tu
Mariona, verdad? -. A veces las presentaciones son tan formales que acaban
siendo innecesarias.
Mariona estaba licenciada en sociología. Licenciada
y cansada de que apareciera en su horizonte algún trabajo relacionado con su
especialidad. – Al final acabas
desistiendo y te metes en lo que sea-.
El perfil de las incorporaciones iba cambiando.
Subía el nivel de formación de los candidatos sin que la petición de las
empresas lo exigiera. Pero ninguna le hacía ascos a la posibilidad de contratar
a gente más preparada. Por temporal que fuera el trabajo se podría mejorar el
estándar de rendimiento sin incrementar los costos. Era un arma de doble filo
pero el marco laboral permitía a las empresas de call center nutrirse de
empleados con nivel a la hora de
seleccionar su personal.
-En nuestro
grupo, al menos siete u ocho están licenciados en algo-. Se lo contó a
Palmira como si estuviera justificando su presencia. –No sois los primeros, Mariona. Las universidades sueltan a miles de
titulados todos los años que no encuentran salida a sus estudios-. Continuó
convirtiéndose en consejera. –Aunque no
creas que todos se adaptan a esto. Solo lo consiguen aquellos que se lo toman
en serio. Esto es un trabajo y tenemos una tarea a realizar. Los que piensan
que no es algo para ellos acaban cagándola. Nuestras llamadas no quieren
discutir una factura abusiva de móvil o darse de baja de un contrato de
servicios. Son personas que tienen un problema y nos piden ayuda para resolverlo.
Imagina, con este calor, que estás en la carretera y se te para el coche.-
Se detuvo de repente. Estaba a punto de convertir su coloquio en un discurso.
Un poco más y le suelta lo de los niños pequeños, el perrito o la abuela.
Mariona la escuchaba con interés pero le pareció fuera de lugar hablarle de
empatía a una socióloga. –Perdona, chica.
No quería apabullarte-. La respuesta fue sincera. –Ni mucho menos, Palmira. Te veo comprometida, implicada. De ti puedo
aprender. Además has dicho algo que no creo entiendan todos mis compañeros de
formación. Esto es un trabajo-. Mientras regresaban a la sala Palmira
estaba segura de que a Palmi también le iba a caer bien aquella chavala que
entendía y se hacía entender con naturalidad. Cuando algo nos interesa siempre
le quitamos los adornos.
Próxima entrega el miércoles 22 a las 18:00 horas.
Los tratados de retórica, recomiendan lo necesario para un buen exordio, tú tienes cuidado por disipar en él algunas animosidades de poderosos, y ganarte para la posterior lectura, a algunos amigos... ésto precisamente no dudo que consiga mi indiferencia.
ResponderEliminarCorneille, endeudado escribió "Horacio", por miedo y para agradar al poderose Richelieu, acatando las injustas reglas de la Academia Francesa.
Hablo del cómo, cito a Aristófanes que en "Las Ranas" , cuando Baco diáloga con Jantias, dice la siguiente frase, sobre cómo se debe escribir: ..."diré dueño mío alguno de esos chistes de cajón que siempre hacen reir a los espectadores"... se refiere a la tentación de usar el chiste fácil, para ganar el aplauso, como recurso por culpa de la pereza imaginativa.
En cuanto al qué, vale la comparación con una galera. En escena: remeros, raspas, disparos, tambores, látigos. Como Homero, te limitas a relatar una historia basada en hechos reales, pero, a diferencia de éste, tus personajes no son verosímiles, sus acciones por tanto no son creibles, y lo así escrito carece de substancia.
"Los teleop. son personas" Estaría bien que analizases el proceso mental por el que los coords, se sientan en una silla buena dejando la peor al teleoperador..
"Mi propósito no es evaluar la calidad del sistema ni sugerir fórmulas de mejora". ¿No podemos mejorarlo? Diseñado por ineptos: Teleop. sin capacidad de decisión, obligados a consultar todo. Atados a horarios injustos, pidiendo hasta para mear. Y encima, a algunos los satirizas.
El que llama busca soluciones, formados, autónomos, independientes, con capacidad de decisión, en una palabra gestores con el plus correspondiente.
La soberbia, que atribuyes al que llama, está sobre la moqueta que pisas a diario. Así funciona la campaña, unos charlan, ríen, comen, tienen herramientas, escuchan música con altavoz y beben en lata (prohibido para el resto), siembran miedo, la ley del embudo, usan el dedismo, premian al sumisobedientepelotafamiliar, para darle una silla nueva. La axila de la cobra, ante todo esto es anécdotica.
"No pretendo sugerir fórmulas de mejora, sí llevaros al otro lado, pintando ese cuadro con palabras". Pinta o dibuja, no emborrones los personajes. Estos no han de ser reales, sí verosímiles.
Horacio, en su Poética, habla de falsos cumplidos: "los que lloran a sueldo funerales dicen casi más que los que les sale el dolor de su ánimo". Los amigos poderosos, a los que dedicas el blog, te pueden traicionar. Huye del elogio fácil, de tu afán de notoriedad, oye las críticas de los que te quieren y saben. Tu blog es además pobre en lo literario, es algo, pero esperaba más.
Completo, muy completo. Respeto tu opinión porqué me parece equilibrada y con matices que me dan que pensar. Y, por encima de todo, la respeto y tomo nota porqué es una crítica basada en razones respetables en si mismas.
ResponderEliminarSolo dos cosas. Ni busco el elogio ni considero poderosos a los que dedico mi pensamiento. Esas metas son para gente más joven. Tampoco quiero ser notorio porqué ya lo soy en otros círculos y no me nutro de ello. Si así fuera lo habría difundido. Sabes poco de mi. Respecto a la pobreza literaria estoy totalmente de acuerdo. No forma parte de mis pretensiones ganar el Planeta. Escribo porqué me apetece, escribo como quiero y cuento lo que quiero contar.
Gracias, de verdad, por tu comentario. Parece real aunque medianamente verosimil. Un abrazo.
Algo me ha quedado por decirte. Esas personas a las que dedico mi relato son personas a las que quiero. Tengo mis razones para ello. Si tu los ves como poderosos será porqué nada te une a ellos. Otra errata de tu comentario; no se pueden evaluar los motivos de mi blog sin conocerme a mi y a esas personas. De ser así no harías alusiones a Corneille. También es retórica ampulosa ampararse en Horacio, Aristófanes, el Cardenal Richelieu, Homero y algún otro que se te habrá quedado en el tintero. Tu demostración de conocimiento es amplia, aunque me parece desorbitada para comentar un blog que no piensa someterse a ninguna regla académica. Ni soy Corneille ni estoy endeudado con nadie. Visto y leído que eres un erudito me siento honrado con el tiempo que has dedicado a tan poca cosa. Gracias por la advertencia. De momento seguiré queriendo a esas personas
EliminarNo te arrugues Jaime. Dale caña a ese sabiondo y sigue escribiendo
ResponderEliminarDice que no son creibles las cosas que escribes Todo es verdad y por eso te leemos Ese que te crtica mucho blabla pero nada
ResponderEliminarM.
Jaime, una pregunta, sin intención de "entrar al trapo": ¿de verdad dedicas este blog sólo a las personas q quieres? A Violeta no pareces quererla mucho...y si escribes sobre ella y no se lo dedicas a ella, ¿para q escribes sobre alguien q no te importa?
ResponderEliminarAl comentario anterior al mío: desde mi humilde opinión (en ningún caso exenta error), la persona q escribe esa extensa crítica no habla de cosas creíbles sino verosímiles. Creo q hay un matiz, muy pequeño eso sí, entre una palabra y la otra pero lo hay, no son exactamente lo mismo. Algo creíble lo consideras cierto "y punto". Algo verosímil es susceptible de credibilidad, merece q se crea en ello, mas no necesariamente es algo cierto, real, sino q "podría serlo". No sé mi me he explicado bien y por favor corregirme si me equivoco. Y no, yo no lo leo porq considere q todo sea verdad, de hecho el 90% de las cosas aquí escritas no las comparto ni creo en ellas. Lo leo porq me genera curiosidad, no sólo lo escrito por Jaime sino los comentarios, q hablan mucho de cada uno de nosotros. De hecho sólo comparto al 100% una cosa con Jaime y apoyo su postura en ese sentido: a ninguno nos obligan a leerlo. Si entramos aquí es porq queremos, y si nos sentimos aludidos, aunque las referencias en alguno casos sean CLARÍSIMAS, también. No ofende quien quiere sino quien puede, y si alguien se siente ofendido no está obligado a seguir leyendo. No obstante, insisto: el leer este o cualquier otro texto no necesariamente es porq lo creamos verdad...por otra parte, Jaime, sí es cierto q puedes herir la sensibilidad de alguien con las clarísimas referencias q encontramos y considero q deberías tener pelín de cuidado... de lo poquísimo q leí hasta ahora, hubo trozos en concreto q si yo los hubiera leído un año atrás me habrían destrozado. No ofendido sino des-tro-za-do, a nivel tristeza, ya q hacen clara referencia a "personajes" a los q les tengo montonazo de cariño, uno en concreto al q quise hasta el infinito ida y vuelta y, sinceramente, no me agradó verlos dibujados de ese modo... en fin q lo q yo sienta te la tiene q chunflar y espero q así sea, pero a lo q voy con esto es q a mí ahora también me la chunfla si lo q escribes habla de Pepe, Juan o Violeta porq estoy bien conmigo misma... pero un año atrás no lo estaba y, leer esto, aunq no me veo nada reflejada personalmente, me habría hecho mierda: pues es posible q hoy haya alguien pasando por una mala racha como la q yo pasé el año pasado q lea esto, se vea reflejado/a y se sienta una mierda: no ofendido sino triste. Y eso sí q ya me parece pelín más delicado q simplemente "enojarse". Ya sé q nuestras vidas te la refanfinflan y q esto está dedicado a tus amigos, pero los q no son tus amigos también somos tus compañeros de trabajo y, aunq sólo sea x las 8 hs. diarias q compartimos, te rogaría q pensaras en los corazoncitos de esa gente...de esa cobra q también tiene corazón a la par q axilas sudorosas, de esas compañeras (q lamentablemente son muchas) q están siendo maltratadas por sus parejas y pueden verse reflejadas aquí aunq no hables de nadie en concreto... en fin, es sólo una opinión q sé q respetarás y espero q comentemos tú y quien quiera comentar, desde el mayor de los respetos. Por favor no es para q nadie me ataque. Para serte sincera, mi ¿postura?¿visión? (no sé cómo llamarlo) se acerca bastante más a la del autor de la crítica filosofal q a la tuya. No obstante, a ti te estoy muy agradecida porq tu blog me ha permitido descubrir muchas cosas de mis compañeros/as a nivel humano q desconocía, y me encanta. Un abrazo fuerte.
Ivana.
Nadie debería atacar tu comentario porqué es maduro y ponderado. Y si alguien debe respetarlo soy yo.
EliminarTe agradezco tu puntualización acerca de la verosimilitud. No obstante debo insistir en que mi relato solo pretende estimular la empatía colectiva. Partiendo de la convicción de que nadie conoce el mundo de algo que, para muchos, es solo un conglomerado de voces. Y no hablo de profanos sino de personas que forman parte del universo que compartimos a diario.
La situaciones pueden interpretarse como reales o como ficticias en función de la óptica de cada uno de nosotros. Para unos se asocian a algo que conocen y para otros se convierten en pregunta. Lo que si es real es la consecuencia del supuesto. Y eso es lo que percibo y plasmo en mi relato.
En la misma medida que crees reconocer situaciones te aseguro que otros las provocan. Desde los que se escabullen del trabajo sin importarles que recaiga sobre otros hasta los que difunden falsedades acerca de compañeros a los que luego empolvan de alabanzas. No busques caras en mis personajes. Hay decenas de Jairos y Marujas. Tampoco tiene rostro Palmira de Palma que interpreta a esa inmensa mayoría que trabaja y se interesa por los demás. Y su amiga no es más que una posibilidad que me permite denunciar algo denunciable y tiene cabida en un relato de ficción. Sensibilizar a los gélidos tendría que ser tarea permanente de toda la sociedad.
Totalmente de acuerdo en que todos tenemos corazón. Si tienes la amabilidad de seguirme hasta el final del relato, aunque solo sea por esa curiosidad que te agradezco, comprobarás que comparto totalmente lo que dices. No quiero herir. Solo llegar al corazón y un poquito más. Si la vida de mis compañeros de viaje me la refanfinflara no escribiría. ¿Quiénes son esos compañeros? La cabecera de la dedicatoria es un sentimiento personalizado. El párrafo siguiente es sentimiento sin nombre y apellidos. Lamento no haber logrado que interpretaras quienes son esos compañeros.
Si el blog te ha permitido descubrir algo, sea lo que sea, lo doy por bien empleado. Es una de mis pretensiones.
Gracias por tu comentario. De verdad. Escribiendo lo que escribo no solo quiero que otros se hagan preguntas; también me las hago yo. Y lo hago en cada linea.
Pues no lo sé Jaime, ya te digo q aún he leído muy poquito. Al principio, cuando me lo comentaron pensé q se te había ido la pinza, q era tu manera de hacernos a todos un corte de mangas sin tener q hacerlo de forma directa y me pareció ridículo (eso sin haberlo leido). Cuando leí los primeros trozos me sentí súper violenta, porq aunq tú dices q aquí se ve reflejado sólo quien quiere, yo insisto con q hay determinados personajes q tienen un equivalente real clarísimo, y lo seguí considerando una falta de respeto y una actitud súper cobarde, sobre todo para con el personaje cuya referencia a las manchas de sudor de su ropa y sus conversaciones con un teléfono apagado están claras como agua de manantial... tú dirás lo q quieras pero no son precisamente una muestra del cariño q le tienes...
ResponderEliminarY las referencias al "Yayo" también creo q son algo subjetivas... no pongo en duda su calidad como persona en ningún momento, por favor no me malinterpretes pero te ruego q el próximo día q "la cobra" obligue al Yayo a ir a ver qué le pasa a Salitre que lleva 4 minutos (¡ja! eso tampoco te lo crees ni tú, si 4 minutos son los q el personaje real equivalente a ese muchachito apenas tarda en hacer la presentación de la llamada...) y el Yayo le diga q "no piensa ir" me avises para llevar cámara de vídeo, porq ver al Yayo o a cualquier otro coordi desafiando de ese modo al equivalente real de ese personaje será un momento histórico q merecerá ser documentado... no te ofendas Jaime, todo lo q te digo te lo digo desde el mayor de los respetos y sigo defendiendo tu postura de q este es tu blog y nadie está obligado a leerlo. Con mi comentario no tengo el objetivo de q escribas las cosas como realmente suceden: ya te digo q defiendo al 100% tu postura en ese sentido y al q tenga cosas diferentes q contar q escriba el suyo propio. Yo sólo te cuento lo q observo.
Por otra parte, entiendo q haya mucha gente enojada con tu relato... al Yayo lo pintas como a un Dios salvador y a La Cobra pues... pues eso, como una cobra, y personalmente creo q no es ni tanto ni tan calvo, ¿no?
Lo poco q pude continuar leyendo hasta ahora no me resultó tan violento, lo admito, es bastante ameno...y tu respuesta a mi comentario me hace pensar q posiblemente esté equivocada y el objetivo de tu entretenido relato no sea ponernos verdes sin tener q dar nuestros nombres. No obstante, me perdonarás q me reserve el derecho de la duda hasta q lea un poco más. Me gustaría poco a poco leerlo completo y elaborar mi propio juicio basado en la lectura, no en los comentarios ni en los prejuicios hacia tales o cuales personas. Con esto lo q te quiero decir es q tenía una opinión muy severa al principio, q ya no es tal, pero aún entiendo q haya gente, como el q escribió el sangrante comentario "filosofal" de más arriba (por cierto, si lo escribió quien yo creo, y apostaría algo a q sí pero nunca lo sabremos, considero q el "dibujo" q has hecho de su personaje clava algunos puntos de su personalidad, me ha hecho gracia, aunq admito q me sorprendió porq pensaba q le tenías más aprecio del q se leen en tus líneas...) q piensen lo q piensan (pensamientos q, como dije, yo aún comparto en su mayoría aunq no con tanta soberbia y sí con más indiferencia de la q hay realmente en esas palabras). Cuando acabe de leeerlo prometo darte mi sincera opinión y q me cuentes cuál es el objetivo de hacer público el contenido de este blog, q eso es algo q me genera mucha curiosidad pero presiento q no descubriré verdaderamente hasta q termine de leerlo...
Saludos, hasta mañana ;-)
Agradezco de nuevo tu comentario y su sinceridad. Respeto tu perspectiva y la entiendo.
ResponderEliminarNo conozco ser humano que tenga la intención de hacerle un corte de manga a cientos de personas a la vez. Cierto es que existe la excepción de algunos que circulan en sentido contrario y piensan que son los demás los que caminan errados. Te aseguro que, ni siquiera en la ficción, forma parte de mi tal desmesura.
Contar algo no es tarea de valientes ni cobardes. Se cuenta y se asumen las consecuencias de cualquier interpretación. Si hubiera temor al "que dirán" no se contaría.
El protocolo me obliga a mantenerme en la ficción cuando te digo que 4 minutos son 4 minutos en todos los relojes del mundo; en la vida real también. Es algo que queda reflejado por escrito en esa supuesta queja que se presenta en el relato. Hay datos que, ni siquiera en una fábula, se pueden dramatizar. A menudo entre lo real y lo verosimil no hay ninguna diferencia.
El Yayo, como casi todos los personajes que forman parte de un grupo, es un collage de distintos caracteres con la peculiaridad de que su edad está muy por encima de la media y no le tiene miedo al miedo que, a menudo, se inyecta para bloquear el pensamiento. El y otr@s se limita a hacer de paragolpes. Esto no tiene nada de divino.
Por último déjame proclamar mi aprecio por "el filósofo". Debatir no comporta no querer. Al contrario. A quien aprecias le dedicas el tiempo necesario para intentar comprenderle y hacerte comprender.
¿Porqué hice público el blog? En el prólogo lo explico. No obstante, en un próximo comentario, estaré encantado de ampliarte mis motivos.
Prometo adentrarme en la lectura y seguir comentando, insisto en q aún he leido muy poco y lo q te he dado es la primera impresión, q sin duda puede cambiar. Gracias a ti x la respuesta. No entendí lo de "El protocolo me obliga a mantenerme en la ficción cuando te digo que 4 minutos son 4 minutos en todos los relojes del mundo; en la vida real también. Es algo que queda reflejado por escrito en esa supuesta queja que se presenta en el relato. Hay datos que, ni siquiera en una fábula, se pueden dramatizar. A menudo entre lo real y lo verosimil no hay ninguna diferencia." Déjame q descanse un poco después de 15 horas continuadas de trabajo, y quizá mañana más fresquita lo entienda pero ahora no puedo pensar jejeje...
ResponderEliminar"Por último déjame proclamar mi aprecio por "el filósofo". Debatir no comporta no querer. Al contrario. A quien aprecias le dedicas el tiempo necesario para intentar comprenderle y hacerte comprender." TOTALMENTE DE ACUERDO.
"¿Porqué hice público el blog? En el prólogo lo explico. No obstante, en un próximo comentario, estaré encantado de ampliarte mis motivos." INTENTARÉ CONTINUAR CON LA LECTURA Y SEGUIR COMENTANDO...
;-)
Gracias por el esfuerzo de estar aquí a pesar del cansancio.
ResponderEliminarIntento aclararte lo de los 4 minutos.
No hay error tipográfico. Escribí 4 minutos porque fueron 4 minutos.
Y Jacobo contestó lo que contestó porqué fueron 4 minutos.
Y una supervisora amonestó verbalmente a Jacobo por contestar eso.
Y colorín colarado.
Cuando estés más descansada, si tienes un pen drive que se conecte con el USB de mi mente te paso el vídeo del momento que deseabas filmar en un comentario anterior. Tengo la secuencia grabada de por vida.