domingo, 19 de agosto de 2012

MEMORANDUM DE NADA (10ª ENTREGA)

 
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Apenas le quedaban unas dos mil palabras para terminar “Los Pilares de la Tierra”, pero quiso dormir. Y no le parecía adecuado hacerlo como siempre, con la luz encendida y el libro de compañero de almohada. Quiso inaugurar su nueva habitación cumpliendo con los cánones que imponía la ortodoxia; puso el punto en el libro, lo dejó sobre la mesilla de noche, apagó la luz y se entregó a las sábanas llena de felicidad por la nueva conquista de su vida. La sensación de armonía era absoluta. Iba a dormir soñando que dormía entre nubes de algodón.
Al otro lado del tabique Palmi medía visualmente el espacio que iba a quedarle cuando quitara la otra cama. Suficiente, más que suficiente para poner una litera. A sus pies y contra la pared le cabía una cómoda. Seguro que en IKEA encontraría soluciones para todo a un precio razonable. A ambos lados del tabique se respiraba ilusión.

Otra bolsa de basura le ofreció la oportunidad de entrar sin necesidad de tocar un timbre a ciegas. Los buzones ya dormían y no le dijeron nada. Pero si varias cartas apoyadas sobre el destinado a las devoluciones. Cinco sobres; cuatro del mismo destinatario. –Debe ser este. Esas cartas son del último inquilino-. Subió por la escalera. Al llegar frente a la puerta que buscaba se sintió victorioso. Por fin iba a poner las cosas en su sitio. Le partiría la cara a ese mal nacido que le había robado a su mujer y se la llevaría a casa tanto si quería como si no; por las buenas o a rastras.
No escucharon el timbre a pesar de su insistencia. Aitor insistió. -¿No quieres abrir? ¿No quieres que te pille? ¡Pues me abrirás! ¡Vaya si me abres!-. Golpeó la puerta con los nudillos. Los golpes se esparcieron por el vacío de la escalera. En la puerta contigua se escuchó el roce de una mirilla dispuesta a curiosear lo que pasaba. A curiosear y a quejarse. -¡Por favor! ¡No son horas! En este piso hace semanas que no vive nadie. ¡Deje de molestar de una vez o llamamos a los municipales!-. Se contuvo guiado por la prudencia. Volvió a tocar el timbre; primero con pulsaciones cortas. No sabía controlarse y presionó con más intensidad.
Palmira y Palmi dormían plácidamente. Estaban agotadas y no escucharon ni el timbre ni los golpes. Cuando se alcanzan las nubes de algodón del cielo ningún quejido de la tierra consigue rasgarlas. Siguieron soñando mientras su vecino volvía a amenazar a Aitor con llamar a la policía hasta que le obligó a desistir. Nada iba a impedir que la primera noche fuera oscura y tranquila para ellas.
-Si te escondes aquí mañana te daré tu merecido- Salió a la calle con el propósito de volver. –Ir a casa ahora es una gilipollez-. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón; 150 euros. –Voy a reventarlos-.

La infelicidad es un derecho. O como tal se lo toman aquellos seres que solo se sienten bien sumergidos en la amargura. Solo así se entiende que no hagan nada por cambiar su situación. Al contrario, ponen todo su empeño a absorber a otros y clonarlos. Son como remolino de aguas turbulentas que se traga a bañistas desprevenidos. Un infeliz alcanza su esplendor cada vez que puede robarle la paz a otro mortal.
Este era el pensamiento de Velma, una de las coordinadoras de Gold Plus. Ella también había sido mordida en varias ocasiones y no creía demasiado en el antídoto. La farmacología suele ser lenta en sus avances. En pocos días su autoestima bajó a niveles insospechados. Especialmente aquella misma mañana cuando un simple malentendido llevó a Violeta a llamarla mentirosa delante de varias personas. Se lo dijo en voz alta, si reparos, con la dureza que solo se puede emplear cuando se tiene razón y el otro lo niega con descaro. No fue así; ni tenía razón ni Velma opuso mayor resistencia que la lógica cuando se defiende la verdad.
En su intento por dormirse con las ideas ordenadas solo consiguió desvelarse. –Sabía que yo estaba en lo cierto; y eso la ponía en evidencia. Llamarme… ¡que digo llamarme!...gritarme que era una mentirosa para que todos lo oyeran era su salida para ocultar su error-. Si las razones eran estas, y otras no podían ser, consideró como imprescindible una reacción inmediata por su parte. El antídoto no estaba funcionando.-Sublima su infelicidad atormentando a cualquiera que sonría-. Primero ella, luego Aisa Y Jacobo. En apenas unos minutos tres dentelladas sin sentido. La medicina preventiva fallaba. A menudo, las buenas intenciones, son solo un placebo. –Tengo que dormir ahora. Mañana lo comento-. Cerró los ojos y volvió a quererse.

-¿Y cómo es que un tiarrón tan guapo como tu se ha quedado solito? Si yo fuera tu mujer no te dejaba por nada del mundo-. Las luces azuladas y una música de fondo imperceptible envolvieron las palabras de Mesalina que, mientras hablaba daba tironcillos a los pelos del pecho de Aitor. Olía a perfume de bazar y a cava barato. –Anda rey, invítame a otra copita de champagne y verás como te hago olvidar las penas-. Aitor sintió una pierna entre sus piernas mientras buscaba al camarero ordenándole con un gesto que llenara de nuevo la copa de ambos. –Podemos tomarla dentro. Allí puedes contarme todo mientras yo te hago ver las estrellitas... ¿Quieres?-. Se acercó hasta lo imprescindible para que Aitor se embriagara con su proximidad. La puso una mano en la cadera empujándola hacia el. –Si, mi rey, eso quiero….Pero dentro. Aquí no me dejan. Anda, dale cincuenta eurillos a Manolo y nos llevamos la copita al reservado-. Ebrio de insatisfacción se dejó llevar hasta lo desconocido detrás de una cortina. El alcohol le ayudó a no sentir nada; ni siquiera el odio que le había llevado hasta allí.

La calle se había vestido de feria con el destello de las luces de una UCI móvil. Estacionada frente a la casa de María esperaba que los camilleros bajaran el cuerpo. Un paramédico se les adelantó para preparar la unidad. –Está mal. Pero si no hay lesiones internas de mayor gravedad podrá contarlo-. Ayudó a sus compañeros a acomodar aquel cuerpo maltrecho y se sentó a su lado para controlar sus constantes. A través del ventanuco que daba a la cabina pidió que llamaran a la policía para informar. Observó el rostro hinchado de María. Respiraba bien.  Tomó su mano presionándola con afecto. – Si nos llamas media hora mas tarde estaríamos camino del forense-.

El primer rayo de sol le recordó que las borracheras se pagan. Los pinchazos en la nuca y el desagradable olor a vómito evocan lo que queremos olvidar. Eran las siete. -¡Mierda! Si estaba allí ya se habrá marchado-. Su rabia creció a pesar de que el cuerpo le agradecía que no le exigiera, ahora, el esfuerzo de ir a ninguna parte. Apretó el acelerador camino de su casa deseando que el agua de la ducha estuviera más fría que nunca.
Le costaba atinar con la llave del portal. Ya no estaba ebrio pero tenía la mano entumecida a causa de los golpes.
- ¿Aitor Goñi? -. Se dio la vuelta para responder pero no supo hacerlo. Un inspector de policía y dos números de uniforme le miraban con tanta intensidad como indiferencia. –Va a tener que acompañarnos-. El que vestía de paisano se lo dijo con la misma naturalidad que tiraba de uno de sus brazos para esposarle. Aitor no reaccionó. Solo se preguntaba mientras le metían en el coche Z porqué nadie le había soltado la parrafada de sus derechos. –Es lo que sale en las películas-. Su detención le pareció poco digna para alguien como el.
Un agente se sentó a su lado. –Cuando le haya visto el forense llamaremos a un sanitario para que le cure esta mano. La tiene usted muy hinchada-. El coche Z arrancó y se dirigió a comisaría sin sirenas y sin luces. – ¡Que mierda de detención!-. Fue el único pensamiento de Aitor en un amanecer mal pensado.  
Al llegar refutaron sus datos en una ficha que ya tenían y, mientras esperaban autorización para ponerlo a disposición del juez le llevaron a una celda donde le brindaron como desayuno un bocadillo de pan gomoso con salami y un café con leche sin café. A los pocos minutos de permanecer en su encierro se acercó a la pequeña ventana que le permitía ver la penumbra de otros silencios encerrados Se sintió protagonista gritándole a nadie -¡Quiero un habeas corpus! ¡Estoy en mi derecho! ¡Exijo un habeas corpus!-. -¡Cállate, joder!-. Otros detenidos le sentenciaron a esperar.

Velma se sumaba a la corriente de opinión que proponía medidas contundentes para terminar de una vez con el problema. Aisha disfrutaba de permiso para recibir a su madre pero ello no impidió que los coordinadores acordaran presentar una queja conjunta en la que se exigiera algo más que una terapia paliativa como la empleada hasta el momento. Era evidente que no había resultado. Todos coincidían en ello. Los calmantes no sirven para nada cuando la causa del dolor es una infección. Se precisa un tratamiento agresivo, directo y sin concesiones.  La idea del analgésico propiciada por Ambar se había quedado en una declaración de intenciones a dos bandas. Máximo efecto 48 horas.
Por la estrategia de su puesto las experiencias desagradables de Aisa parecían más notorias. Pero a medida que el equipo iba recordando y tomando nota de las situaciones que cada uno aportaba el peso global adquirió proporciones que permitieron al grupo decidir que ya no otorgaba margen para negociar otra promesa de cambio. –Esperemos a mañana para ver si Aisha está de acuerdo y nos ponemos en marcha- Era hora de trabajar. Aprovecharían los descansos para esquematizar un borrador que detallara cronológicamente lo más significativo, adjuntando la copia de diversas quejas que, en su momento, se habían presentado por escrito.
 -¿Os habéis fijado? Siempre entra y sale con el móvil pegado al oído. –Maruja no podía arrancar su día sin abrir algún debate y la llegada de Violeta le vino de perlas. –A mi me parece que no habla con nadie. ¿Porqué hará eso?-. Salitre, que desde primera hora ya se había apostado cerca de la presa, aprovechó la ocasión para abrir la veda. –Puede que lo haga para no tener que hablar-. Lo dijo impostando la voz para darle aires intelectuales a su ocurrencia. – ¿No la habéis visto cuando sale a descansar? - Siempre está sola, hablando erre que erre. Hablando y fumando- . Maruja le interrumpió –Si, eso también es raro. Que siempre baje sola. Aunque no es la única-. Terminó haciendo un gesto con la cabeza señalando la zona de supervisión. –Los hay de todos los colores. Seguro que por allí también se cuecen habas-. Salitre iba a seguir con su aproximación cuando una llamada se lo impidió.

Su señoría dictó prisión provisional para Aitor hasta que se sometiera a las pruebas forenses y María hubiera declarado. El abogado de oficio le informó de que podía hacer una llamada o, si lo prefería, el la haría en su nombre. Estuvo tentado de llamar a Ramón pero sabía que ya no podía contar con su apoyo. –La he cagado-. Subió al furgón. Le acompañaban en el traslado dos hombres trajeados. Le parecieron ridículos vestidos de ejecutivo y esposados. El  más joven mostraba signos evidentes de haber llorado. Aitor sentía curiosidad por saber qué hacían allí dos personajes tan finolis. Pero no les preguntó. Hacerlo podía significar que él tuviera que dar explicaciones y no le apetecía en absoluto. –Seguro que es cosa de dinero. A estos les sueltan antes de que yo haya vuelto a comparecer -. El vehículo emprendió su camino dando un tirón que le abstrajo de cualquier pensamiento. Aquel silencio compartido se convirtió en miedo. Sin decirse nada los tres se dijeron que nunca había estado el prisión. Son momentos en los que se lamenta haber considerado interesantes decenas de películas y series televisivas. –No sé si sabré cagar dentro de una celda-. Sintió un retorcijón inconfundible. El miedo siempre ha sido un digestivo de efectos inmediatos.

Sentada en su mesa Violeta observaba el movimiento de los coordinadores. No era el habitual. Cuando se cruzaban se detenían y hablaban. De vez en cuando se acercaban a Jacobo y le entregaban un folio que revisaba con prontitud y guardaba doblado en el bolsillo. Era evidente que estaban preparando algo.
La conciencia siempre está y nos advierte. Así lo entendió Violeta al sobrentender que ella era la causa de aquel carrusel de voces y palabras.
No era la primera vez que tenía un espasmo de coherencia. Cuando eso sucedía su inteligencia se ponía al servicio de la razón y la autocrítica. Era un destello breve pero intenso. La petición de un “habeas corpus” no es solo un trámite penal. Como tampoco el miedo es exclusivo de los que cruzan por primera vez la puerta de lo desconocido.
Conocía el origen de todo aquello. Se remontaba en el tiempo. Había invadido un espacio que no le correspondía amenazando a los agentes de una raspa porqué no atendieron una orden que se contradecía con las recibidas por parte de su supervisora que, cumpliendo con el protocolo, transmitía lo dispuesto por el responsable del día en la sala. Ella no supo controlar su vanidad y, al comprobar que los operadores hacían caso omiso de sus disposiciones, les advirtió de las posibles consecuencias de tamaña desobediencia. Lo hizo a su estilo, convirtiendo lo que podía haber sido un apunte en una amenaza dislocada.
Fue el primer brote de insumisión de una plataforma cansada de sentirse avasallada por un desprecio sin sentido. Presentaron una queja formal, razonada y refrendada por los diez operadores afectados.
Por aquel entonces en aquella raspa estaban sentados cogiendo llamadas algunos agentes que, en la actualidad, eran coordinadores. El resentimiento la llevó de la mano a dinamitar su trabajo para pasarles factura por tanto atrevimiento.
Podía haber detenido el proceso. Pero no lo hizo. Al contrario, extendió el radio de acción de su desaire a toda la estructura de coordinación. Le había demasiado llegar a ser virreina y no estaba dispuesta a consentir que nadie cuestionara su capacidad. Es habitual confundir jerarquía con poder y poder con propiedad. Violeta era consciente de todo aquello. Pero no encontraba la manera de conciliar su sentimiento de supremacía con el respeto a los demás. También era consciente de que nunca se plantearía ningún cambio en su actitud para conseguirlo. Convertir las insatisfacciones personales en motor de su trabajo era innegociable. Vivía la plataforma con su fuera suya. Necesitaba que llenara sus innumerables vacíos. Eran un lastre que soltar y lo hacía dejándolo caer sobre los que entendía como subordinados. Terminar su trabajo con la certeza de haber zarandeado la tranquilidad de otros le daba fuerzas para retomar su inconsistencia.
Lo sabía y, en momentos como aquel, no se sentía bien recordando situaciones que se habría podido evitar. Pero sentirse mal no significa sentirse culpable ni nos lleva a un propósito de cambio. Todo el movimiento que había observado en los últimos días la aconsejaba ser prudente, solo eso.
Acababa de hacer una reflexión equilibrada acerca de su comportamiento. No quiso darla por buena porqué hacerlo la obligaba a cambiar los parámetros de su vida. ¿Para qué cambiar si bastaba con ponerse el salvavidas hasta que las aguas se calmaran? Siempre era así. Aunque algo le decía que en esta ocasión se la impondría alguna penitencia.

El juez quería tomarse sus vacaciones dejando cerrada la instrucción previa de la causa de María. Informado por el forense de que la agredida ya estaba en condiciones de declarar prefirió no esperar y, acompañado de un estilógrafo y una ayudante de la fiscalía se desplazó al hospital. Comprobar el lamentable estado de aquella jovencita desdentada influyó de modo determinante en el sumario. La joven fiscal  puso el resto. Le preguntaron a María se deseaba nombrar abogado para que ejerciera como acusación particular. No se lo podía permitir. Solo necesitaba que alguien llamara a sus amigas. El forense se comprometió a hacerlo en cuanto terminara aquella vista improvisada. – Gracias a ti los problemas de tu amiga se han terminado. Al menos por unos años. Dame su número.  En cuanto terminemos con esto la llamo -. María se tapó la boca con una mano para sonreír. Se sentía horrible pero orgullosamente satisfecha. Estaba aprendiendo a llenarse con la felicidad de los demás.

Los acontecimientos, cuando llegan a su punto de ebullición, se precipitan como si estuvieran programados. Por primera vez una queja había trascendido a la cúpula empresarial que transmitió sus contenidos al cliente. La relación  contractual no fue obstáculo para que la diplomacia funcionara. Los coordinadores no esperaban que se adoptaran medidas fulminantes. Lo sabían de antemano. Aunque esperaban algo más que otra declaración de intenciones consensuada. Pero al menos todo lo acontecido ya tomaba cuerpo y nadie podía alegar desconocimiento. Lo que pudiera pasar en adelante estaría dotado de antecedentes claros. Cuando no podemos evitar que el mar inunde nuestras costas un dique formado por sacos de arena nos alivia los temores.
Violeta acusó el golpe y, sin dejar de odiar, construyó su propio dique. Momentáneamente no podía permitirse conflicto alguno. Le iba a costar retomar su trabajo con los coordinadores pero tenía que hacerlo.
- Vienes a preguntarme a mi porqué no hay otro supervisor disponible ¿Verdad? -. Se lo dijo a Jacobo cuando le hizo una consulta. Carecía de sentido pedir de nuevo un “habeas corpus”. El coordinador no respondió, limitándose a hablar de lo que le había acercado hasta allí. Duele más un mutis que diez mil palabras.
Jacobo regresó al campo de batalla pensando que las flores solo son hermosas cuando están en el plantel. En cuanto las queremos convertir en parte del todo de nuestro entorno y las metemos en un jarrón acaban secándose. La que tiene suerte se transforma en recuerdo entre las páginas de un libro. Otras acaban cumpliendo con el ciclo biológico si van a parar al deshecho de orgánicos. Las menos afortunadas se quedan olvidadas en el jarrón y nadie las mira. Y si alguien lo hace no se pregunta nunca si ese tallo reseco soportó alguna vez pétalos luminosos. Lo que vemos es lo que entendemos. La verdad nunca es mala ni tiene remedio.
Palmira y Palmi encontraron a una buena persona que las haría el favor de llevarlas a IKEA por la tarde.
- Si ya os lo decía yo y no me hacíais caso. ¿Lo habéis oído, no? Ahora han engatusado a Macu para que las lleve a comprar muebles para su nidito-. Maruja siempre estaba donde no debía estar. Salitre estaba donde quería. A un metro de Maruja, con el cebo de su libro bien visible.
Estrella iba dejando auriculares en el puesto de algunos agentes. – Voy a sentar contigo uno de los nuevos para que escuche -. A continuación Velma y Jacobo colocaban una silla adicional. A Palmira la sorprendió ser una de las elegidas. Lo entendió como un halago. Le acababan de quitar la etiqueta de novata. Pestaña verde.

El Yayo retomó su rol de narrador. Había llegado el momento de enterrar a Violeta y Aitor. En una historia irreal el autor puede convertir en nada aquello que se proponga. Cuando llegara a casa le pondría fin a sesenta páginas en las que se había vaciado por sepultar la verdad bajo una lápida de palabras. Solo nos damos cuenta de lo importante que es la vida cuando vemos la tapia del cementerio. La muerte siempre da que pensar. Especialmente si lo que muere es la idea. ¿Podía morir una actitud? Estaba convencido de que a las ideas no se las podía matar, ni siquiera en la ficción. -Las ideas son como las cigüeñas. Siempre vuelven al mismo campanario-. Nunca podría estar seguro de haber empleado la cantidad de palabras suficientes para enterrar la verdad y no contarla. Lo que se mata escribiendo nunca deja de vivir.

Capítulo IV
Paisajes de libertad.

Le costaba mirar a su hija sin que le invadiera un sentimiento de culpabilidad.
-¿Estáis bien en ese piso?-. Sabía que si pero preguntarlo le hacía solidario con la decisión que había tomado Palmira. – Si, papá. Estamos bien. Solo necesitaba que me cambiaran el horario y me concedieron el cambio en cuanto lo pedí. Puedo llevar a Ainoa y a Urko a la escuela y luego recogerles-. No quería que su padre se sintiera mal por lo ocurrido. Tampoco deseaba que Amparo empeorara. A pesar de todo eran sus padres. Para ellos la familia como concepto era el motor de su vida y no podía reprocharles que les hubiera pillado por sorpresa el cambio sufrido por la sociedad a raíz de la muerte del dictador.
Amparo quiso medir el perdón de su hija. –Pero, ¿nos los dejarás aquí de vez en cuando, no? -. Palmi pilló al vuelo el mensaje de la pregunta. -¡Claro, mamá! ¡Si no dejan de preguntarme que día vendrán a dormir con vosotros! ¡Os quieren mucho! -. Una respuesta tranquilizadora que no contestaba a la preocupación  que mortificaba  la cabeza de su madre. –Yo lo que quiero saber es si tú todavía nos quieres a nosotros-. Palmi leyó el estrépito del silencio de Amparo pero no quiso contestar impulsivamente. Interiorizó el pensamiento y con la excusa de ir a por agua se levantó. –No sé si puedo quereros como antes, solo sé que os quiero-.
Por fin se sentía dueña de su vida pero no tanto como para olvidar que sus dos pequeños necesitaban entender a su manera lo que estaba pasando. El miedo ya no formaba parte de su horario, pero su libertad llevaba en la mochila dos pequeños mundos cargados de inocencia a los que tenía que explicar que algunos héroes no siempre son lo que parecen. Como primera medida había mandado a Aitor a un viaje muy largo por motivos de trabajo. –Vuestro papaíto es una persona importante en el taller. Y le han mandado a América a reparar unas máquinas grandes, muy grandes, que solo él sabe como son. Pero seguro que nos llama; y si no llama seguro que nos escribe para que sepamos que está bien-. La habían bombardeado a preguntas para las que tuvo que improvisar inmediatez al responder. No podía quitarse de la cabeza la mirada de Urko. A  un personajillo de siete años la incredulidad fluye a borbotones por los ojos. -¿Cómo se lo cuento? – Sus dudas dieron la vuelta a un recodo del sendero de la angustia para interrogarla de nuevo -¿Tengo que contárselo?-. Urko seguía rebuscando en las palabras de su madre. –Mamá, si papá sabe arreglar esas máquinas grandes, grandes, muy grandes. ¿Porqué no me arregla mi avión para que vuele de verdad?-. Ainoa cogió el avión de su hermano y lo hizo volar con su manita mientras imitaba el ruido de las turbinas. -¡Pero si ya vuela, Urko! ¡Mira como vuela! -.
Había salido del momento sin la certeza de que los pequeños aceptaran lo que les había contado.
Regresó de la cocina con un vaso de agua en la mano y el recuerdo de cómo había terminado aquel sínodo con sus hijos. Urko se había cansado de preguntar y tomó el mando decidiendo que su papel de hombre de la casa era innegociable. –Bueno, ahora cuando subamos un ascensor yo apretaré el botón. Tu me dices cuál, mamá, y yo lo aprieto. ¿Vale?
-Tengo que ir a por los niños. Mañana también libro. Igual me paso otro ratito por aquí-. Los ojos de Amparo se iluminaron. Ramón la acompañó hasta la puerta dispuesto a perder los pantalones. No podía, no sabía. Solo cuando la puerta se cerraba y Palmi no podía oírle liberó balbuceando lo que él quería que sonara como un grito. –Perdóname, hija-.

-¿Y esto siempre es así?-. Le hacía la misma pregunta que ella hizo el primer día que se sentó como escucha en la plataforma. –Si, cuando hay muchas llamadas en espera los coordinadores insisten permanentemente en que agilicemos. Es la música de fondo que nos ponen para que no nos relajemos-. Le caía bien su nueva compañera. Ponía interés, tomaba apuntes y la dejaba trabajar. Cuando hacía una pregunta se había nutrido de la información necesaria para razonarla. Tener alguien como escucha te vincula a él de manera permanente mientras dura la jornada. Salieron juntas al descanso.
- ¿Palmira, no? -. –Si, Palmira de Palma. ¿Y tu Mariona, verdad? -. A veces las presentaciones son tan formales que acaban siendo innecesarias.
Mariona estaba licenciada en sociología. Licenciada y cansada de que apareciera en su horizonte algún trabajo relacionado con su especialidad. – Al final acabas desistiendo y te metes en lo que sea-.
El perfil de las incorporaciones iba cambiando. Subía el nivel de formación de los candidatos sin que la petición de las empresas lo exigiera. Pero ninguna le hacía ascos a la posibilidad de contratar a gente más preparada. Por temporal que fuera el trabajo se podría mejorar el estándar de rendimiento sin incrementar los costos. Era un arma de doble filo pero el marco laboral permitía a las empresas de call center nutrirse de empleados con  nivel a la hora de seleccionar su personal.
-En nuestro grupo, al menos siete u ocho están licenciados en algo-. Se lo contó a Palmira como si estuviera justificando su presencia. –No sois los primeros, Mariona. Las universidades sueltan a miles de titulados todos los años que no encuentran salida a sus estudios-. Continuó convirtiéndose en consejera. –Aunque no creas que todos se adaptan a esto. Solo lo consiguen aquellos que se lo toman en serio. Esto es un trabajo y tenemos una tarea a realizar. Los que piensan que no es algo para ellos acaban cagándola. Nuestras llamadas no quieren discutir una factura abusiva de móvil o darse de baja de un contrato de servicios. Son personas que tienen un problema y nos piden ayuda para resolverlo. Imagina, con este calor, que estás en la carretera y se te para el coche.- Se detuvo de repente. Estaba a punto de convertir su coloquio en un discurso. Un poco más y le suelta lo de los niños pequeños, el perrito o la abuela. Mariona la escuchaba con interés pero le pareció fuera de lugar hablarle de empatía a una socióloga. –Perdona, chica. No quería apabullarte-. La respuesta fue sincera. –Ni mucho menos, Palmira. Te veo comprometida, implicada. De ti puedo aprender. Además has dicho algo que no creo entiendan todos mis compañeros de formación. Esto es un trabajo-. Mientras regresaban a la sala Palmira estaba segura de que a Palmi también le iba a caer bien aquella chavala que entendía y se hacía entender con naturalidad. Cuando algo nos interesa siempre le quitamos los adornos.

Próxima entrega el miércoles 22 a las 18:00 horas.


11 comentarios:

  1. Los tratados de retórica, recomiendan lo necesario para un buen exordio, tú tienes cuidado por disipar en él algunas animosidades de poderosos, y ganarte para la posterior lectura, a algunos amigos... ésto precisamente no dudo que consiga mi indiferencia.
    Corneille, endeudado escribió "Horacio", por miedo y para agradar al poderose Richelieu, acatando las injustas reglas de la Academia Francesa.
    Hablo del cómo, cito a Aristófanes que en "Las Ranas" , cuando Baco diáloga con Jantias, dice la siguiente frase, sobre cómo se debe escribir: ..."diré dueño mío alguno de esos chistes de cajón que siempre hacen reir a los espectadores"... se refiere a la tentación de usar el chiste fácil, para ganar el aplauso, como recurso por culpa de la pereza imaginativa.
    En cuanto al qué, vale la comparación con una galera. En escena: remeros, raspas, disparos, tambores, látigos. Como Homero, te limitas a relatar una historia basada en hechos reales, pero, a diferencia de éste, tus personajes no son verosímiles, sus acciones por tanto no son creibles, y lo así escrito carece de substancia.
    "Los teleop. son personas" Estaría bien que analizases el proceso mental por el que los coords, se sientan en una silla buena dejando la peor al teleoperador..
    "Mi propósito no es evaluar la calidad del sistema ni sugerir fórmulas de mejora". ¿No podemos mejorarlo? Diseñado por ineptos: Teleop. sin capacidad de decisión, obligados a consultar todo. Atados a horarios injustos, pidiendo hasta para mear. Y encima, a algunos los satirizas.
    El que llama busca soluciones, formados, autónomos, independientes, con capacidad de decisión, en una palabra gestores con el plus correspondiente.
    La soberbia, que atribuyes al que llama, está sobre la moqueta que pisas a diario. Así funciona la campaña, unos charlan, ríen, comen, tienen herramientas, escuchan música con altavoz y beben en lata (prohibido para el resto), siembran miedo, la ley del embudo, usan el dedismo, premian al sumisobedientepelotafamiliar, para darle una silla nueva. La axila de la cobra, ante todo esto es anécdotica.
    "No pretendo sugerir fórmulas de mejora, sí llevaros al otro lado, pintando ese cuadro con palabras". Pinta o dibuja, no emborrones los personajes. Estos no han de ser reales, sí verosímiles.
    Horacio, en su Poética, habla de falsos cumplidos: "los que lloran a sueldo funerales dicen casi más que los que les sale el dolor de su ánimo". Los amigos poderosos, a los que dedicas el blog, te pueden traicionar. Huye del elogio fácil, de tu afán de notoriedad, oye las críticas de los que te quieren y saben. Tu blog es además pobre en lo literario, es algo, pero esperaba más.

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  2. Completo, muy completo. Respeto tu opinión porqué me parece equilibrada y con matices que me dan que pensar. Y, por encima de todo, la respeto y tomo nota porqué es una crítica basada en razones respetables en si mismas.
    Solo dos cosas. Ni busco el elogio ni considero poderosos a los que dedico mi pensamiento. Esas metas son para gente más joven. Tampoco quiero ser notorio porqué ya lo soy en otros círculos y no me nutro de ello. Si así fuera lo habría difundido. Sabes poco de mi. Respecto a la pobreza literaria estoy totalmente de acuerdo. No forma parte de mis pretensiones ganar el Planeta. Escribo porqué me apetece, escribo como quiero y cuento lo que quiero contar.
    Gracias, de verdad, por tu comentario. Parece real aunque medianamente verosimil. Un abrazo.

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    1. Algo me ha quedado por decirte. Esas personas a las que dedico mi relato son personas a las que quiero. Tengo mis razones para ello. Si tu los ves como poderosos será porqué nada te une a ellos. Otra errata de tu comentario; no se pueden evaluar los motivos de mi blog sin conocerme a mi y a esas personas. De ser así no harías alusiones a Corneille. También es retórica ampulosa ampararse en Horacio, Aristófanes, el Cardenal Richelieu, Homero y algún otro que se te habrá quedado en el tintero. Tu demostración de conocimiento es amplia, aunque me parece desorbitada para comentar un blog que no piensa someterse a ninguna regla académica. Ni soy Corneille ni estoy endeudado con nadie. Visto y leído que eres un erudito me siento honrado con el tiempo que has dedicado a tan poca cosa. Gracias por la advertencia. De momento seguiré queriendo a esas personas

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  3. No te arrugues Jaime. Dale caña a ese sabiondo y sigue escribiendo

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  4. Dice que no son creibles las cosas que escribes Todo es verdad y por eso te leemos Ese que te crtica mucho blabla pero nada
    M.

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  5. Jaime, una pregunta, sin intención de "entrar al trapo": ¿de verdad dedicas este blog sólo a las personas q quieres? A Violeta no pareces quererla mucho...y si escribes sobre ella y no se lo dedicas a ella, ¿para q escribes sobre alguien q no te importa?
    Al comentario anterior al mío: desde mi humilde opinión (en ningún caso exenta error), la persona q escribe esa extensa crítica no habla de cosas creíbles sino verosímiles. Creo q hay un matiz, muy pequeño eso sí, entre una palabra y la otra pero lo hay, no son exactamente lo mismo. Algo creíble lo consideras cierto "y punto". Algo verosímil es susceptible de credibilidad, merece q se crea en ello, mas no necesariamente es algo cierto, real, sino q "podría serlo". No sé mi me he explicado bien y por favor corregirme si me equivoco. Y no, yo no lo leo porq considere q todo sea verdad, de hecho el 90% de las cosas aquí escritas no las comparto ni creo en ellas. Lo leo porq me genera curiosidad, no sólo lo escrito por Jaime sino los comentarios, q hablan mucho de cada uno de nosotros. De hecho sólo comparto al 100% una cosa con Jaime y apoyo su postura en ese sentido: a ninguno nos obligan a leerlo. Si entramos aquí es porq queremos, y si nos sentimos aludidos, aunque las referencias en alguno casos sean CLARÍSIMAS, también. No ofende quien quiere sino quien puede, y si alguien se siente ofendido no está obligado a seguir leyendo. No obstante, insisto: el leer este o cualquier otro texto no necesariamente es porq lo creamos verdad...por otra parte, Jaime, sí es cierto q puedes herir la sensibilidad de alguien con las clarísimas referencias q encontramos y considero q deberías tener pelín de cuidado... de lo poquísimo q leí hasta ahora, hubo trozos en concreto q si yo los hubiera leído un año atrás me habrían destrozado. No ofendido sino des-tro-za-do, a nivel tristeza, ya q hacen clara referencia a "personajes" a los q les tengo montonazo de cariño, uno en concreto al q quise hasta el infinito ida y vuelta y, sinceramente, no me agradó verlos dibujados de ese modo... en fin q lo q yo sienta te la tiene q chunflar y espero q así sea, pero a lo q voy con esto es q a mí ahora también me la chunfla si lo q escribes habla de Pepe, Juan o Violeta porq estoy bien conmigo misma... pero un año atrás no lo estaba y, leer esto, aunq no me veo nada reflejada personalmente, me habría hecho mierda: pues es posible q hoy haya alguien pasando por una mala racha como la q yo pasé el año pasado q lea esto, se vea reflejado/a y se sienta una mierda: no ofendido sino triste. Y eso sí q ya me parece pelín más delicado q simplemente "enojarse". Ya sé q nuestras vidas te la refanfinflan y q esto está dedicado a tus amigos, pero los q no son tus amigos también somos tus compañeros de trabajo y, aunq sólo sea x las 8 hs. diarias q compartimos, te rogaría q pensaras en los corazoncitos de esa gente...de esa cobra q también tiene corazón a la par q axilas sudorosas, de esas compañeras (q lamentablemente son muchas) q están siendo maltratadas por sus parejas y pueden verse reflejadas aquí aunq no hables de nadie en concreto... en fin, es sólo una opinión q sé q respetarás y espero q comentemos tú y quien quiera comentar, desde el mayor de los respetos. Por favor no es para q nadie me ataque. Para serte sincera, mi ¿postura?¿visión? (no sé cómo llamarlo) se acerca bastante más a la del autor de la crítica filosofal q a la tuya. No obstante, a ti te estoy muy agradecida porq tu blog me ha permitido descubrir muchas cosas de mis compañeros/as a nivel humano q desconocía, y me encanta. Un abrazo fuerte.
    Ivana.

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    1. Nadie debería atacar tu comentario porqué es maduro y ponderado. Y si alguien debe respetarlo soy yo.
      Te agradezco tu puntualización acerca de la verosimilitud. No obstante debo insistir en que mi relato solo pretende estimular la empatía colectiva. Partiendo de la convicción de que nadie conoce el mundo de algo que, para muchos, es solo un conglomerado de voces. Y no hablo de profanos sino de personas que forman parte del universo que compartimos a diario.
      La situaciones pueden interpretarse como reales o como ficticias en función de la óptica de cada uno de nosotros. Para unos se asocian a algo que conocen y para otros se convierten en pregunta. Lo que si es real es la consecuencia del supuesto. Y eso es lo que percibo y plasmo en mi relato.
      En la misma medida que crees reconocer situaciones te aseguro que otros las provocan. Desde los que se escabullen del trabajo sin importarles que recaiga sobre otros hasta los que difunden falsedades acerca de compañeros a los que luego empolvan de alabanzas. No busques caras en mis personajes. Hay decenas de Jairos y Marujas. Tampoco tiene rostro Palmira de Palma que interpreta a esa inmensa mayoría que trabaja y se interesa por los demás. Y su amiga no es más que una posibilidad que me permite denunciar algo denunciable y tiene cabida en un relato de ficción. Sensibilizar a los gélidos tendría que ser tarea permanente de toda la sociedad.
      Totalmente de acuerdo en que todos tenemos corazón. Si tienes la amabilidad de seguirme hasta el final del relato, aunque solo sea por esa curiosidad que te agradezco, comprobarás que comparto totalmente lo que dices. No quiero herir. Solo llegar al corazón y un poquito más. Si la vida de mis compañeros de viaje me la refanfinflara no escribiría. ¿Quiénes son esos compañeros? La cabecera de la dedicatoria es un sentimiento personalizado. El párrafo siguiente es sentimiento sin nombre y apellidos. Lamento no haber logrado que interpretaras quienes son esos compañeros.
      Si el blog te ha permitido descubrir algo, sea lo que sea, lo doy por bien empleado. Es una de mis pretensiones.
      Gracias por tu comentario. De verdad. Escribiendo lo que escribo no solo quiero que otros se hagan preguntas; también me las hago yo. Y lo hago en cada linea.

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  6. Pues no lo sé Jaime, ya te digo q aún he leído muy poquito. Al principio, cuando me lo comentaron pensé q se te había ido la pinza, q era tu manera de hacernos a todos un corte de mangas sin tener q hacerlo de forma directa y me pareció ridículo (eso sin haberlo leido). Cuando leí los primeros trozos me sentí súper violenta, porq aunq tú dices q aquí se ve reflejado sólo quien quiere, yo insisto con q hay determinados personajes q tienen un equivalente real clarísimo, y lo seguí considerando una falta de respeto y una actitud súper cobarde, sobre todo para con el personaje cuya referencia a las manchas de sudor de su ropa y sus conversaciones con un teléfono apagado están claras como agua de manantial... tú dirás lo q quieras pero no son precisamente una muestra del cariño q le tienes...
    Y las referencias al "Yayo" también creo q son algo subjetivas... no pongo en duda su calidad como persona en ningún momento, por favor no me malinterpretes pero te ruego q el próximo día q "la cobra" obligue al Yayo a ir a ver qué le pasa a Salitre que lleva 4 minutos (¡ja! eso tampoco te lo crees ni tú, si 4 minutos son los q el personaje real equivalente a ese muchachito apenas tarda en hacer la presentación de la llamada...) y el Yayo le diga q "no piensa ir" me avises para llevar cámara de vídeo, porq ver al Yayo o a cualquier otro coordi desafiando de ese modo al equivalente real de ese personaje será un momento histórico q merecerá ser documentado... no te ofendas Jaime, todo lo q te digo te lo digo desde el mayor de los respetos y sigo defendiendo tu postura de q este es tu blog y nadie está obligado a leerlo. Con mi comentario no tengo el objetivo de q escribas las cosas como realmente suceden: ya te digo q defiendo al 100% tu postura en ese sentido y al q tenga cosas diferentes q contar q escriba el suyo propio. Yo sólo te cuento lo q observo.
    Por otra parte, entiendo q haya mucha gente enojada con tu relato... al Yayo lo pintas como a un Dios salvador y a La Cobra pues... pues eso, como una cobra, y personalmente creo q no es ni tanto ni tan calvo, ¿no?
    Lo poco q pude continuar leyendo hasta ahora no me resultó tan violento, lo admito, es bastante ameno...y tu respuesta a mi comentario me hace pensar q posiblemente esté equivocada y el objetivo de tu entretenido relato no sea ponernos verdes sin tener q dar nuestros nombres. No obstante, me perdonarás q me reserve el derecho de la duda hasta q lea un poco más. Me gustaría poco a poco leerlo completo y elaborar mi propio juicio basado en la lectura, no en los comentarios ni en los prejuicios hacia tales o cuales personas. Con esto lo q te quiero decir es q tenía una opinión muy severa al principio, q ya no es tal, pero aún entiendo q haya gente, como el q escribió el sangrante comentario "filosofal" de más arriba (por cierto, si lo escribió quien yo creo, y apostaría algo a q sí pero nunca lo sabremos, considero q el "dibujo" q has hecho de su personaje clava algunos puntos de su personalidad, me ha hecho gracia, aunq admito q me sorprendió porq pensaba q le tenías más aprecio del q se leen en tus líneas...) q piensen lo q piensan (pensamientos q, como dije, yo aún comparto en su mayoría aunq no con tanta soberbia y sí con más indiferencia de la q hay realmente en esas palabras). Cuando acabe de leeerlo prometo darte mi sincera opinión y q me cuentes cuál es el objetivo de hacer público el contenido de este blog, q eso es algo q me genera mucha curiosidad pero presiento q no descubriré verdaderamente hasta q termine de leerlo...
    Saludos, hasta mañana ;-)

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  7. Agradezco de nuevo tu comentario y su sinceridad. Respeto tu perspectiva y la entiendo.
    No conozco ser humano que tenga la intención de hacerle un corte de manga a cientos de personas a la vez. Cierto es que existe la excepción de algunos que circulan en sentido contrario y piensan que son los demás los que caminan errados. Te aseguro que, ni siquiera en la ficción, forma parte de mi tal desmesura.
    Contar algo no es tarea de valientes ni cobardes. Se cuenta y se asumen las consecuencias de cualquier interpretación. Si hubiera temor al "que dirán" no se contaría.
    El protocolo me obliga a mantenerme en la ficción cuando te digo que 4 minutos son 4 minutos en todos los relojes del mundo; en la vida real también. Es algo que queda reflejado por escrito en esa supuesta queja que se presenta en el relato. Hay datos que, ni siquiera en una fábula, se pueden dramatizar. A menudo entre lo real y lo verosimil no hay ninguna diferencia.
    El Yayo, como casi todos los personajes que forman parte de un grupo, es un collage de distintos caracteres con la peculiaridad de que su edad está muy por encima de la media y no le tiene miedo al miedo que, a menudo, se inyecta para bloquear el pensamiento. El y otr@s se limita a hacer de paragolpes. Esto no tiene nada de divino.
    Por último déjame proclamar mi aprecio por "el filósofo". Debatir no comporta no querer. Al contrario. A quien aprecias le dedicas el tiempo necesario para intentar comprenderle y hacerte comprender.
    ¿Porqué hice público el blog? En el prólogo lo explico. No obstante, en un próximo comentario, estaré encantado de ampliarte mis motivos.

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  8. Prometo adentrarme en la lectura y seguir comentando, insisto en q aún he leido muy poco y lo q te he dado es la primera impresión, q sin duda puede cambiar. Gracias a ti x la respuesta. No entendí lo de "El protocolo me obliga a mantenerme en la ficción cuando te digo que 4 minutos son 4 minutos en todos los relojes del mundo; en la vida real también. Es algo que queda reflejado por escrito en esa supuesta queja que se presenta en el relato. Hay datos que, ni siquiera en una fábula, se pueden dramatizar. A menudo entre lo real y lo verosimil no hay ninguna diferencia." Déjame q descanse un poco después de 15 horas continuadas de trabajo, y quizá mañana más fresquita lo entienda pero ahora no puedo pensar jejeje...
    "Por último déjame proclamar mi aprecio por "el filósofo". Debatir no comporta no querer. Al contrario. A quien aprecias le dedicas el tiempo necesario para intentar comprenderle y hacerte comprender." TOTALMENTE DE ACUERDO.
    "¿Porqué hice público el blog? En el prólogo lo explico. No obstante, en un próximo comentario, estaré encantado de ampliarte mis motivos." INTENTARÉ CONTINUAR CON LA LECTURA Y SEGUIR COMENTANDO...
    ;-)

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  9. Gracias por el esfuerzo de estar aquí a pesar del cansancio.
    Intento aclararte lo de los 4 minutos.
    No hay error tipográfico. Escribí 4 minutos porque fueron 4 minutos.
    Y Jacobo contestó lo que contestó porqué fueron 4 minutos.
    Y una supervisora amonestó verbalmente a Jacobo por contestar eso.
    Y colorín colarado.
    Cuando estés más descansada, si tienes un pen drive que se conecte con el USB de mi mente te paso el vídeo del momento que deseabas filmar en un comentario anterior. Tengo la secuencia grabada de por vida.

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